Coria Javier15

Carta de despedida a una psicóloga

La Banda 12 de Abril del 2018

A la mujer con la voz pomada.

Se terminó todo. ¡al fin! 

Fueron tres años en el CFME y, un año y medio, en el que (en oportunidades) le hablé sobre lo básico que, en cierto punto, me atormentaba. 

No fuí lo suficientemente valiente para decirle todo, sentía que al hablar sobre lo más común sería un hilo conductor para solucionar lo demás. Así fue, en un porciento menor pero, no en toda su extensión. 

Soy lo suficientemente cobarde como para escribir esto y no hablarlo en persona. Suficientemente cobarde para no haber mostrado la luz que se esconde detrás de una noche llena de penumbras y monstruos. 

Una noche, pude descubrir que la típica frase: " *tus sueños se pueden hacer realidad* " es tan cierta, así cómo existe el día y la noche. Una persona puede llegar a poseer rasgos de tus sueños. Otras, ser tus sueños o tus pesadillas. Pueden llegar a serlo todo. Por completo. El problema es que cuando, en ti, gobiernan las pesadillas; Y siendo así, es increíble la nebulosa que se forma. Es como si una neblina ahogara a toda una isla perdida.

Pero, cuando es una persona que representa tus sueños más lindos, puede ser peor. Es cómo si en tus ojos lloviera. Que lloviera en los ojos negros cómo una pizarra cuando anochece.

Y entonces piensas: ¿Qué pasa en ese mundo tan complejo? Hay realidades paralelas. Hay tantas cosas que enumerarlas no vale la pena. Llevaría tiempo y eso es de lo que no disponemos. Fueron tres años caminando con una persona que no podía ser. Tres años en un colegio nuevo. Pero tengo 18 y los primeros recuerdos con lógica que tengo son de cuando tenía 3 años.

Es increíble que olvides o recuerdes con distorsión los recuerdos felices. Es increíble cómo es que tienes que aferrarte a un peluche para no sufrir de abandono. "Abandono", abandono fue lo que predominaba en mis pesadillas de cuando niño, esos sueños que me despertaban con lágrimas, gritos, terror y pis. Sueños que para un niño tan pequeño, son muy raros. Sueños de los que nunca hablaré. Sueños que recuerdo. Sueños que jamás olvidaré. Sueños que gracias a ese peluche pude guardarlos en una caja debajo de la cama. Los puse allí, para que no atormenten a nadie. Porque hasta los sueños más bellos, pueden destruir todo de ti. Un peluche, un mejor amigo, vos mismo y todo lo demás... 



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