Emyzag

**~Casa de Terror - Cuento Corto~**

Había una vez un cielo tan oscuro como las tinieblas frías del Niágara. Y en esa casa un terror como el horror de Sherlock Holmes… Había una lámpara semi encendida, entre lo oscuro de la casa y una mesa que da vueltas, un cuadro colgado en la pared izquierda por donde se pasea la Sra, Ijú, y en el recibidor una escalera que te lleva hacia la parte más alta de la casa. Es una casa vieja, por donde los gatos se pasean y hacen de su territorio uno ajeno al de nosotros. La Sra. Ijú había muerto a causa de un infarto. Y se prepara la comitiva a salir con el auto fúnebre hacia el cementerio “La Vida más Allá de la Muerte”, y por supuesto, con la Sra. Ijú adentro, con flores que todavía el recibidor tenía su olor agradable a rosas sin marchitar. Por encomiendas de la vida un niño entra a la casa, a la casa de la Sra. Ijú, y se revela el más débil de los secretos. Cuando se debate una sorpresa de la vida, el niño era el tataranieto de la Sra. Ijú… Y Dhance, el padre del niño, se encuentran en aquella casa por donde se pasea el más vil de los sanguinarios fantasmas, la Sra. Ijú, muerta, sin sentido y lo peor, sin vida. Es una víctima o victimario la Sra. Ijú, no se sabe a ciencia cierta, sólo se sabe que, la Sra. Ijú tiene todo el poder sobre aquella casa de terror. Las nieblas frías se sienten palpitar en la piel, las sombras oscuras pasean por aquella casa, por donde el demonio hace estragos. Por donde comienza y no termina de andar por la casa por donde el terror empieza a sentirse, a desaparecer y a aparecer, a entrar y salir como si permaneciera viva. Se derrite el fantasma más cruel y más álgido de la casa de terror. La Sra. Ijú, como le llamaban todos. Su nombre de pila era Ijupubla. Y se casó con don Lorego, un viejo rico de la ciudad y se fueron a vivir a lo lejos en el llano por el cedro más bajo del monte, y se casaron y vivieron felices, hasta que ella una noche, muy tenebrosa se le adentró unos de los demonios llamado “Livio”, y le dijo en secreto -“que lo matara”-. Y la Sra. Ijú, lo miró anonadada y atónita a los ojos que se le adentró por dentro y le dijo que, -“sí, lo haré”-, adormecida por lo amargo de la noche, y las nieblas y la bruma fría, y las velas a medio encender y tomó la daga del señor y lo cortó sesgado y oblicuo el corazón y derramó sangre, mucha sangre y quiso suicidarse pero, no. “Livio” yá la controlaba, quería el corazón del señor porque amaba intensamente a la Sra. Ijú. Cuando llegó la autoridad se percataron de un grave error que la daga no estaba en escena y la buscaron y no la hallaron. Se identificó el cadáver y la situación como un suicidio y todo quedó así. Y la Sra. Ijú, fue dueña y señora de aquella mansión, pero, quedó aún más, el dolor, el desamor, la soledad, y la desesperación, y más aún, el temor a ser devorada por Livio, el demonio, que así se llamaba. La Sra. Ijú, volvió a retomar su vida y aún más el sentido a vivir y no se recordaba de nada y anda por la mansión, como un fantasma vivo, y frío y más aún cruel y mortífero. Y se cuece el día como todo el sol bajo las sombras aquellas perdidas del monte más bajo de la ciudad. Y la Sra. Ijú, vuelve en sí, pero, no del todo cae en dolor y más aún le acecha la muerte, Livio la rodea de rituales, sortilegios y de manuscritos de su pasado para tomar de ella la vida entera. Livio queda como un demonio en la casa de terror. Y más aún ahora quiere la vida del niño travieso, del tataranieto de la Sra. Ijú, pero no, algo lo detiene, su fuerza se debilita, su autonomía de demonio desaparece, su autoestima y el fuego devorador de su corteza se vá enfriando, se detiene el tiempo y más aún la mano que le otorga poder y más aún la fuerza para continuar a matar. Y llega ella la Sra. Ijú, a defender su casa, su territorio, su amor y más aún la fuerza en sobre poder y sobrenatural a tomar la cúpula de Livio. Livio es atormentado por la Sra. Ijú, y lo hace un esclavo de ella, un mojigato, y un artesano de flores marchitas cuando en el recibidor se topa con todo lo vivido, porque la Sra. Ijú, era la vida, el amor real, y la suerte de haber encontrado a un buen hombre, pero, el destino y el camino se topó con la mala suerte. Y el niño todavía, jugaba en la casa de terror, bajo aquellas nieblas y brumas frías, sin sol ni lluvia, sin amor y sin su abuela materna, y quedó por siempre en aquella mansión donde se pasea el más vil de los sanguinarios la Sra. Ijú. Y nunca más creció aquello que era niño a adulto, no dejó que el demonio hiciera lo que con ella hizo, porque el embrujo era así, tan sanguinario y capaz de matar la vida para poder vivir y la Sra. Ijú, lo entendió tantos años después que fue, otra vez, sanguinaria, víctima o victimaria de todo aquel suceso que le pareció un horror, y ella lo cambió todo con su corazón de hechicera y de bruja mayor con el poder de su mano. Y con el poder de su eterno corazón desde el cementerio “La Vida más Allá de la Muerte”...        



**~FIN~**





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