Wellington Rigortmortiz

* FÁBULA ECOLÓGICA (El Amor de la Higuera II)

 

Una pequeña rosa

aun en capullo,

desea inocentemente

ser polinizada, mas

sus crueles caprichos,

temores, dudas y tabúes,

prolongan su tallo

cual enredadera,

sus creencias en lo banal,

son feroces espinas de acero,

tan filosas como dagas,

no es una especie venenosa,

pero puede llegar a matar;

cerca de ella, habita un ser

de una variedad extraña,

indescriptible,

de naturaleza hibrida,

una especie de arbusto

en extinción, está provisto

de huesos, carne, cubierto

de un fino tegumento vegetal,

mudado recientemente de piel,

seducido y acosado, se deja

entrelazar toda su entidad

por la liana calida

de la rosa aun en capullo,

sin darse cuenta que sus filosas

y puntiagudas espinas,

se clavan, van aserrando

la delicada y aun blanda piel,

la savia de sangre,

alimenta en la tierra

la raíz del capullo

que tan lejana esta de la suya;

día tras día,

el asenso de la liana cruel,

rasga sin piedad la piel del arbusto,

abriendo dolorosamente su carne

mientas lo sigue rodeando, oprimiendo,

según la naturaleza de su ser

y única especie,

esa es la forma señera 

en que la futura rosa ama, aun así,

la rosa en botón, inocentemente

desea ser polinizada,

pero su ceguera espiritual

termino por asesinar

con su forma temerosa de amar,

la vitalidad del arbusto,

al final, la rosa emerge de su capullo,

y estéril se torna, pues la Madreselva,

es única, cariñosa, celosa y vengativa.

 

*

…Arrancados

de raíz  fueron todos

nuestros sentimientos del alma

por las manos del tiempo,

traicionado fui por el reflejo

inocentemente cruel de tu espejo,

oráculo de las fantasías,

en el, te fascina ser observada,

admirada, deseada, añorada,

a través de tus finos labios,

en los míos, vaciaste

toda la mandrágora,

esencia embriagante

que elabora tu alma,

condenado a una muerte lenta,

en desesperante agonía,

furtiva te observo florecer,

aunque fuera de la tierra estés;

mi ciclo, se termina

sin esperanza alguna

de que estas gigantescas manos

en las cuales estamos,

definitivamente se cierren

misericordemente apagando

nuestra luz de vida

y todo este amor por completo,

…arrojados los dos

en el abrasador fuego del destino,

solo yo me consumo rápidamente,

divididos tengo

todos mis criterios y sentimientos,

no favorecen a nadie

ni siquiera a mi; …arrancados

de raíz  fueron todos

nuestros sentimientos del alma

por las manos del tiempo,

mi ciclo se termino

sin esperanza alguna

de que esas gigantescas manos

en las cuales estuvimos,

definitivamente se cerraran

por completo apagando

nuestra luz de vida

y todo este amor que yo aun

estando en el limbo siento.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.