Wellington Rigortmortiz

* Fénix (El Retorno del Querubín)

 

Con la tempestad de nuestros miedos

en el mar de su oscuridad desapareciste,

en ese instante nuestras aturdidas ideas

solo clamaban a la muerte

como estúpida enmienda al agobio

que la superficialidad tan apática exigía;

…invisible siempre fuiste

ante nuestra presencia en la mente,

en el cuerpo, en el alma, en la vida

en la fantasía, en la total realidad,

desde niños, desde antes de serlo,

desde nuestros padres y mas atrás;

el amor es cruel cuando uno de los dos

que fueron uno, lo reta a un juego

de muerte súbita, entonces, el amor

traiciona, condiciona, miente, asesina,

pierde su esencia y su nombre,

cegado completamente, envenenado

por el lado oscuro del ser humano,

actúa a su completa voluntad,

…así nació la tempestad

erigida por los dos que fuimos uno

para matar la vida que el amor creo

y dio existencia en nuestras mentes,

en nuestras almas, solo porque uno

de los dos lo reto a un torpe juego

en el cual terminamos siendo cómplices

hasta mas allá del final, quedándose

con la perdida, el dolor

y toda responsabilidad,

únicamente, quien verdaderamente amo;

…en el instante previo de la fatal elección,

la conciencia trataba de justificarse

con el llanto sobrepasando el valor

de las convicciones, de los principios,

anulados ya todos,

…el manto de oscuridad

cubrió totalmente en la tempestad

la ingrávida esencia del Querubín

que imaginariamente deseaba

convertirse en huesos y carne.

 

Gritando sin voz

en la inmensidad del limbo

desaparecía lentamente

tragado por la oscuridad eterna

nuestra hermosa creación idealista,

mientras, tentado fui

a ceder a tus ridículos tabúes,

llantos llenos de caprichosas

y superfluas conveniencias banales,

tan personales y ego centristas,

viole mis mas sólidas convicciones

tratando de entender tu dolor

que tarde me di cuenta fue fingido, así,

lograste deformara mi manera de amar,

todo poder te di sobre mi, lograste

convertirme también en un asesino

de sentimientos, de la vida, del amor;

creía todo haberlo hecho por amor,

por lealtad, por respeto, hoy, tristemente

termine aceptando, que me falta mucho

aun para conocer al amor y así poder

amar sin limites y medida alguna,

…con el pasar del tiempo

el dolor se intensifica guardando

en su lacerante y tierno útero

al embrión del amor que pretendió

joven amar sin haber nacido aun.

 

La recompensa

al arrepentimiento verdadero,

trajo ante mi alma, a su complemento,

el equilibrio y quinto elemento de la vida

que encendió nuevamente la llama eterna

de mi corazón, el cual, frío se había tornado

en el profundo dolor de la traición

por los sentimientos burlados

que ingenuos fueron manipulados

por la arpía maestra de las aberraciones

que tanto ame antes de la tempestad;

con el poder del fuego purificador

renació del vacío el espíritu del Querubín,

el sexto elemento, piedra filosofal

para toda existencia que santificada

es por la fuerza del amor en el alma,

así, definitivamente, mi existencia

atrapada en la esfera celestial

de una bella hada, es retribuida

con sus celosos cuidados, regalándome

en el interior de una verdad física,

el alma del ser al cual estúpidamente

asesine con el poder de mi pensamiento

que fue manipulado e inducido

a devastarme a mi mismo; con su luz

de verdad y perdón reside

en el cuerpo de un muñeco, la vida

del Querubín, que cual Fénix renació

de las cenizas infernales de un amor

que fue enfermizo y deformado,

un Galeón y una Balandra que

perdidos se encontraron en la niebla…



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.