O.L

Viaje en Tren

Son las 10 de la noche se acabo el día por hoy, solo queda volver a casa a descansar todo lo que se pueda, abordo el tren en su primera estación.

Tras el vagón miro como aquel joven de capucha jala la mochila a ese hombre mayor y corre  con la esperanza de no ser alcanzado, con la esperanza de algo haber robado algo caro, y solo puedo pensar en que lo necesita, en que está desesperado y no encuentra otra forma de alimentar a su familia, imagino su cara de frustración que se le vuelve felicidad cuando llega a casa y a su hijo le puede dar algo de pan, imagino lo mal que se siente al haber conseguido dinero de esa forma, el sabor agridulce que la sonrisa de su hijo le provoca, imagino la sonrisa de aquel niño imaginario al ver a su padre llegar con comida, lo imagino recibiéndolo con un fuerte abrazo, imagino la felicidad de su inocente carita, imagino esa tierna sonrisa, la imagino, la imagino hasta que miro la sonrisa del ladrón huyendo sin ningún remordimiento con un gesto de burla y regocijo, entonces mis pensamientos tienen que volver al mundo real y sé que al escapar revisara la mochila, insultando al viejo repetidamente haciéndolo menos para hacerse más, disfrutara lo que ha  hecho y festejara el tener otra víctima, mientras piensa en que tenis caros se va a comprar.

Tras el vagón miro alejarse el andén, al entrar en el túnel no queda nada afuera que ver, así que miro a mis compañeros de viaje, tan cansados y abatidos al igual que yo, sus rostros están llenos de apatía o enojo o tristeza o  más bien lo que se consigue al mezclarlas todas en medio del caos de una gran ciudad.

Aquella adolecente llora dos asientos hacia atrás, mientras revisa constantemente su celular, seca sus lagrimas con su bufanda y trata desesperadamente de seguir sepultando ese grito ahogado que tiene recluso en su garganta, aunque no es necesario, nadie nota su despecho, la mayoría escapa, se refugia hasta de los sonidos, escondidos en un mundo aparte, escondiéndose tras un par de audífonos, cerrando sus ojos logran ignorar todo, no escuchan ni un poco los quejidos de la joven, ni sus sollozos.

Llegando a la tercera estación una pequeña niña despierta, iba dormida en las piernas de su padre, su padre la abraza con ternura y le pregunta si tiene hambre, la pequeña asiente y el de la mochila saca algún bocadillo, entre juegos y risitas los vagones siguen andando y al mirarla tan feliz, pienso que no todo es oscuro y que en todos lados pasan cosas agradables, la sonrisa de la niña esta aun más llena de alegría, es más contagiosa y es mucho más tierna que la de aquel hijo imaginario que había idealizado para el ladrón, su felicidad parece inundar el vagón, hasta que el tren hace una nueva parada y tras el cristal un nuevo padre hace su entrada, está sentado en el suelo del andén su hija llora y él se despoja de su camiseta rota, se la da a ella, la usa como frazada, mientras voltea a ver una caja cercana, la inspecciona pero no hay nada, y se da cuenta que hoy tampoco habrá cena para su pequeña, por sus ojos ahora también corren lagrimas.

Se cierra la puerta, los vagones de nuevo avanzan, cierro mis ojos, tal vez mañana será un mejor día, hoy ya no quiero mirar nada.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.