Zenser

7to. Día (o Primer domingo)

Todo se bañaba en color dorado, aunque nada se incendiába, de cerca los edificios parecían antorchas titánicas y llenas de esplendor.

 

Todo era pacifico. Una combinación perfecta entre los límites y lo infinito.

 

El cobre parecía bronce, pero era solo el brillo lo único que le daba esa rareza en aquella parte de la jornada vespertina.

 

El viento fluía tan diluido que enfriaba lo que el calor del cobre pudo calentar con su mezquina temperatura. Ahora reinaban los síntomas de lo inevitable.

 

Noche color carbón, tan oscura como fría, pero con el brillo de las estrellas como su fuera a encender y chisporrotear para encender aquellas fogatas titánicas que fueron apagadas con aquel baile susurrante.



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