Josefina 46

CULTIVANDO UNA ROSA

 

Hoy comprendo algunas cosas

que antes de tan ciega no veía

cultivando una blanca rosa

en el jardín de mis días.

 

Rosa que sin entender las razones

en espinoso cactus se convertiría

hiriendo con sus hilos punzantes

a quien tanto la quería.

 

Sentía ciertas sospechas

de su fiera maldad escondida

con sus intrigantes maneras

y desprecio a la vida.

 

Era de belleza inmaculada

y su presencia pura porcelana

mecida al viento en la alborada

cual un revuelo de campanas.

 

De pronto cambió de color

y se presentó ante mi tal como era,

presuntuosa, sin encanto ni fulgor,

ensombrecidos sus pétalos de primavera.

 

Me costó tiempo entender la transformación

de aquella rosa que un día en el estío nació.

¿Cómo podía ser tan mezquina de corazón

siendo su vida un regalo de Dios?

 

Al fin abrí los ojos para ver con claridad

y dolida de su manifiesta malignidad,

la arranqué de un tirón sin piedad

recobrando al fin la tranquilidad.

 

Fina



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