José Moscoso Vega

El perro enfermo.

 

Ahí estaba aquel perro,
era un cadáver andante,
putrefacto su olor,
y un detalle escalofriante.

Su pata delantera solo huesos,
que prácticamente colgaban,
en el tronco de su pata,
los gusanos se alojaban.

El corazón desgarrado,
queriendo no llorar,
pensando en soluciones
para poderlo ayudar.

Entonces pasó por mi mente,
el ayudarlo a morir,
y luego otro pensamiento,
el ayudarlo a vivir.

Triste estaba mi esposa,
y mi hijo ni que decir,
viendo aquel animal,
tristemente sufrir.

Recuerdo que les dije;
la pata voy a cortar,
arriba de la gusanera,
espero al perro salvar.

Sobre un trozo de madera,
su pata le acomodé,
y de un solo machetazo,
de ella lo despojé.

La sangre a borbollones,
fue loco aquel actuar,
con tela y café en polvo,
logramos la sangre parar.

Fueron pasando los días,
y la herida fue sanando,
mejoraba el perro su estado,
se estaba recuperando.

Tres semanas transcurrieron,
Una pata le faltaba,
no fue en vano el esfuerzo,
sano su tronco se hallaba,

Y un día no amanece,
del mecate se había soltado,
se había salido a la calle,
y un carro lo había matado.

J.Moscoso.
Derechos de autor reservados.
José Antonio Moscoso Vega.
Corredores, Puntarenas, Costa Rica.
12 de marzo 2018.



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