Julián Valdés Vásquez

No me de la espalda que me dan ganas de abrazarla

Le dije que no me diera la espalda

que me daban ganas de abrazarla.

 

Me miró con sus ojos infinitos,

ojos de ver lunas en el agua.

Me pidió un beso

sin darse por entendida

que lo que yo pretendía

era besarla el resto de mi vida.

Acercóse lentamente a mí,

acercarme lentamente a ella;

frío en la barriga

y en la sangre un frenesí.

No se dio cuenta

pero en medio beso, la ví,

mis ojos abrí y tenía sus párpados pegados,

sus labios carmesí

con los míos fusionados.

Alejóse lentamente,

alejarme lentamente,

sin descubrirnos aún para vernos

tomó mi mano

y nos hicimos eternos.

No había luna en el cielo

porque estaba al lado mío

le dije en uno de mis tantos desvaríos.

Giró su terciopelo,

me dio la espalda,

acercarme a ella

para oler su pelo;

en su piel dejar mis huellas,

en completica toda

y vivir mi vida para recogerlas luego.

 

Que no me de la espalda

que me dan ganas de abrazarla.

Más rápido me la dio,

su cadera volteó

y sus brazos entrecruzó.

Me acerqué temeroso,

inhalé el ámbar de su cabello

sin escatimar ningún resuello.

Lo que yo quería era asirla a mí,

introducírmela por la nariz,

degustarla, saborearla,

palpitarla, esparcirla en mi sangre,

quererla y luego amarla.

 

Una semana después

nos acercamos otra vez.

Ya no en una azotea,

ya no bajo la llovizna

sino al lado de un árbol

que ahora es un tronco sin pies.

Le dije conmovido

que la había extrañado esos días.

Que por qué tan lejana,

Que me de sus manos frías;

acercóse a mí,

acercarme a ella,

déjame ver tus ojos

y ver en ellos reflejados las estrellas.

Hoy tampoco hay luna,

la luna está al lado mío

le dije otra vez entre sonrisas

bajo un silencio sombrío.

Me miró callada y,

detrás de su mirada

dos gritos de amor.

De a poco se giró,

que no me de la espalda

que me dan ganas de abrazarla.

Se quedó quietica,

me dijo abrázame sin pronunciar palabra.

Acaricié sus hombros descubiertos,

la piel árida como desiertos,

quiero depositar sobre ella

caricias y muchos besos,

sonrisas de media noche,

hincharle el corazón de felicidad,

que ría y llore conmigo,

ser su refugio y su abrigo,

meterla en mi pecho,

tenerla siempre conmigo,

tomarla de la mano y levitar

y morir de tanto soñar

 

Sí,

eso quería,

quererla, luego amarla.

Y sí, eso hice.

La quise, la amé.

La amé con todo mi ser.

Si me amó, no sé.

Pero me basta con saber

que de amor por ella deliré,

que en las tripas alojé

amor puro tan puro

que iba al cielo y volvía a nacer.

 

Eso hice, sí,

quererla, luego la amé,

hasta la noche en que se fue.

Como humano, me equivoqué,

su mano solté,

ya no llovían sueños

sino llanto acaudalado.

La busqué y la busqué

Y ya no estaba a mi lado.

La perdí, pero un día la encontré.

O quizá no, ya no era ella.

Sus ojos ya no eran infinitos.

Sus labios carmesí no decían lo mismo.

El desierto de su piel

que con tanto amor restauré

ya no era ávido de apaciguar su sed.

Acercarme a ella,

no se acercó a mí.

Alejóse ella,

no me alejé de ahí.

Que no me de la espalda,

Que me dan ganas de abrazarla.

Rápido se giró,

su cabello a cenizas me olió,

la había encontrado

pero no era ella.

Me dio la espalda,

Que no me de la espalda que…

Un momento…

Me dio la espalda

y no me dieron ganas de abrazarla.

Comentarios4

  • migreriana

    iRONÍA SARCÁSTICA.sE TILDO EL ABRAZO!!!

  • howard bravo

    Muy bello

  • Vagabundo Universal

    Si la hermosura fuera pecado yo no tendría perdón de Dios!!!......... Tu poema me hizo acordarme de los piropos que me han dicho 😗

  • Bienvenidos

    De veras no dan ganas de detenerse en la lectura de tus lineas.... excelentes.

    Encantada.



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