Wellington Rigortmortiz

* RIGORTMORTIZ

 

Tuve que ocultarme

tras la inspiración macabra

de palabras y frases tan complejas,

tan profundas, arcanas

al simple entendimiento mortal,

la sinfonía del dolor,

exquisita alegría me produjo

para componer poesía cruel,

historias de vida, operas de carne

y hueso, tan viscerales

como la otra cara del amor,

mas realistas que la verdad

tras la mentira, únicas

como la ultima esperanza

que se dice nunca muere.

 

Recuerdo muy bien las épocas

de los rezos constantes

y los lamentos tratando de despertar

la curiosidad a un Dios, que sordo

miraba hacia el paraíso bobo

e idealizado de súbditos

hipnotizados por un fanatismo

lleno de modismos conformistas,

ignorantes, de actitudes estúpidas,

un paraíso saturado de reglas

y sistemas definidos como normales,

correctos, solo posee leyes corruptas,

recuerdo cuan inútiles resultaban ser

todas mis lágrimas, que juntas

a las de otros ángeles caídos,

lluvia de esperma infértil fueron

bañando las entrañas oscuras

de una ciudad maldita

llena solo de miseria humana,

esas inútiles gotas

terminaban formando

un mar de cadáveres, rezos inútiles

a un Dios sordo que miraba fijamente

solo al paraíso formado

por los corazones corrompidos

de los hijos de Abel.

 

La verdad y la realidad son únicas,

difícil engañarse, difícil engañar,

he tenido que crearme un oído

y un ojo propio, que puesto

por encima de este mundo,

sobre trozos de papel

se escriben; tuve que ocultarme

tras la inspiración macabra

de palabras y frases tan complejas,

tan profundas, arcanas

al simple entendimiento mortal

para componer poesía cruel,

historias de vida, operas de carne

y hueso, tan viscerales

como la otra cara del amor,

mas realistas que la verdad

tras la mentira, únicas

como la ultima esperanza

que se dice nunca muere.



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