Madrigal VIII

Norberto Osvaldo Algarin

Porque tú ya no sonríes,

amada, divina Musa,

esa estrella se rehúsa

a brillar cual mil rubíes.

 

Porque tú ya no sonríes

en mis sueños yo confusa

te vislumbro, amada Musa,

cual envuelta en organdíes.

 

Tu sonrisa, amada, un día,

cuando leda "disertó",

me hizo ver que te quería;

 

una magia en mí brotó.

Fuera digna su armonía

de Da Vinci o de Watteau.

Ver métrica de este poema


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.