Alonzo Saravia

MEDIA NOCHE Y SIN ELLA

 

 

Era cerca de las diez con cincuenta minutos por la noche; una noche fría de encanto y acompañada de la ausencia de la que me tenía. Su rostro era como el resplandor de la luna, tan penetrante en mis memorias; el sonido del viento alucia como al susurro de su tierna voz en mis oídos. No estaba solo, me acompañaba su mirada fija, esos ojos agrandados rodeados de espesas pestañas; su hermosa figura bien formada… de atributos que cualquier hombre desearía, me sujetaban a suspiros entrañables desde lo recóndito de mis entrañas.

La forma de su cabello abreviado y terso, la manera en que le cubría el rostro y cómo lo removía con sus dedos alargados y delicados. Sus finos labios de tono asalmonado, tan suaves, tan seductores y exquisitos ocupaban de insaciables deseos a los míos. He caído de nuevo. La armonía de sus palabras me alcanzo a la distancia y sucumbí. Perdido en la abrazadora frialdad de la noche me encontré extrañándole, necesitando de sus caricias llegaran a mi piel, deseando sus manos tocaran mi cuerpo y el calor de la pasión que la envolvía me tomara descuidado para enredarnos el uno al otro.

La cortesía de su boca llegó a mí como el canto de las aves por la madrugada me despierta, me inundó la docilidad del murmullo de su voz. Para entonces me embarcó a ese momento primero en el cual tembloroso de todo mi cuerpo me sujeto nuestro primer beso, apasionado, de esos besos que no importa cuán tiempo pase; simplemente no se olvida porque olvidar es imposible.

Su nombre el más hermoso jamás escuchado y por ello imborrable “Lucita”.

-Hola solo quería saludar y deseo que te encuentres bien –Hablo ella con voz endeble, -Y descansa, y ten una agradable noche… te quiero; -Concluyó ella esperando respuesta.

 De mi parte perplejo y anonadado sonreí gustoso de oírle luego de un largo y exuberante tiempo, a la cual respondí:

-Lucita, buena noche. Gracias por permitirme oírte, hacía tiempo sin ello; te deseo una cálida noche, un fuerte abrazo… también te quiero.

Para lo que ella inmediatamente añadió:

            -Eh, si hacía tiempo; sin embargo soy la misma. Quería saludarte, buena noche.

Le percibí fría y agitada. Pensé, ¿eso es todo?, de alguna manera deseaba tanto tenerle un poco más aun así no durmiera, y pregunté:

            ¿Está todo bien? 

Sin mediar palabra me pregunta -¿por qué? –Continuó diciendo, -Solamente sentí una sensación extraña al escucharte, lo siento… ¡Sabes que soy testaruda!

Podía percibir la tristeza que en ese momento le encubría a tal modo que fuí irrumpido hasta sentirme en pedazos.

            Lucita: -Me siento melancólica al saludar.

Sin embargo rápidamente ella misma admite sentir tristeza muy dentro de sí y continúa diciendo:

            Lucita: -También hacia tiempo sin escucharte, eso es todo; que descanses.

No espere a ella terminar de hablar y le interrumpí:

            Yo: -al igual, me ha sido una alegría oírte… Duerme bien.

La verdad, no estaba bien ni ella ni yo. Tan pronto estuvimos muy cerca de acabar con esta intrigante conversación, salte diciéndole:

            Yo: -¡Oye!

            Lucita -¿?

            Yo: -¡Me ha alegrado la vida conocerte!

            Lucita: -Me instas a llorar

            Yo: -Te lo digo muy enserio

            Lucita: -Me haces llorar, ¡insisto!

          Yo: -Lo que quiero decir, es… Haber coincidido contigo fue tan hermoso. Esos ratos a tu lado fueron grandiosos, no olvidaré nunca nuestro primer beso.

            Lucita: -¡Me haces llorar!.... pero fue lindo.

            Yo: - Lo lamento, no ha sido ese mi pensamiento. Es solo… estoy agradecido.

Para lo que ella entre solloza voz, lágrimas y risas continuo diciendo:

             Lucita: -Soy chillona, -y rio a carcajadas; -y pues bueno, de igual manera… Gracias, -Tu muy caballeroso, -finalizó.

A como me descubría, si callaba los sucesos que nos antecedieron estaría loco y quizá nunca tendría otra oportunidad de ponerme a cuentas con ella. Así que sin rodeos hable:

            Yo: -Yo si te amé.

Quedando ella en profundo silencio, le venció un continuo lagrimeo…

            Yo: -¡Claro!, ¡Siempre lo supiste! –Dije exaltado, para lo que ella solo comento:

            Lucita: -Parte, nada más.

            Yo: -¡Nada más!

De modo que sentí de qué manera me destrozaba muy dentro, a lo que añadí:

            Yo: -Pensé que lo demostraba con mis acciones.

            Lucita: -Si, lo sé. Reconozco ello y lo agradezco demasiado.

Moría por tenerla entre mis brazos y no dejarle escapar.

           Yo: -Contigo deje mis miedos atrás, supe a decir lo que se siente estar enamorado y eso es muy bueno.

           Lucita: -¿Miedos?

Evadiendo la respuesta a su interrogante continué hablando y esta vez para decirle lo que tanto había querido y no había hecho.

          Yo: -Es una pena de que no me hallas dado el privilegio de un hijo, -y reí rápidamente.

          Lucita: -¿Un hijo?, ¡las ansias de ser padre!… Ya lo serás estoy muy segura, y, serás un buen padre.

Ella para entonces, me seguía pareciendo una mujer muy interesante, realmente hermosa y deseoso de seguirle distinguiendo. Ciertamente le había amado. Le amé con el alma entre mis manos, sin miedos, sin esperar nada… le ame y quizá le siga amando.

Me inquietaba tanto la manera en que se dirigía a mí, toda una mujer. La hora parecía irse como la lluvia al terminar el invierno, volvía a sentir miedo, miedo de no saber más de ella, miedo a entender que se ha ido y no ha de retornar. El frío se adueñó de mi frío y me estremecí. Ella supo cómo enamorarme, supo vestirme de su piel hasta tenerme loco rebosante de afecto, rebosante de pasión por ella.

            Lucita: -¿Me permites decir algunas palabras?

            Yo: -Por favor, adelante.

            Lucita: Me encantó el beso repentino, fue rico e interesante… ¡codiciable!- Y rio a carcajadas.

            Yo: -¿Codiciable?

Ella simplemente se reservó a responder mi nerviosismo, ese en el que me acentúo.

            Lucita: -Miedos, tuve uno.

            Yo: -¿?

            Lucita: -Pensar que jamás me besarías y que debería hacerlo yo. Y, me encantaba tú forma de hablar.

Sin palabras, así quedé al conocer su pensamiento, tanto que no le cuentioné su postura.

            Yo: -¿Mi forma de hablar?

            Lucita: -¡Sí!, y no diré más.

            Yo: -¡Cuéntame!

            Lucita: -Me agradaba tanto tu caballerosidad, realmente enamora, y, tu manera de amar… tan profunda.

            Yo: -He quedado helado, sin palabra. Nunca me hablaste de ello cuando salíamos. 

            Lucita: -Y puedo decir más, pero no pasará.

            Yo: -Adelante, ¡por favor!

            Lucita: Eres y… bueno fuiste mi hombre maravilloso, con muchos atributos a favor y muy buen amante.

            Yo: -Me importaba todo de ti.

            Lucita: -Es sumamente bello eso de tu parte. Así que para mí, has sido un bello hombre, con cualidades hermosas.

Al escucharle hablar quedaba extasiado, mi frío se hacía más frío. En todo mi cuerpo recorría cierta excitación, ella había vuelto a arraigarse en mí y esta vez para no marcharse.

            Yo: -En verdad es de mucho agrado la manera en que te expresas, es como decir, me hablas con el alma en tu lengua.

            Lucita: -Antes tuve complejos. 

            Yo: -Lo sé.

            Lucita: -Verdaderamente agradezco tu tiempo justo ahora. Y no he dicho nada mal, te veo como un amigo al que no quiero perder. Jamás.

            Yo: -No agradezcas que de ese tiempo desde mucho atrás has sido dueña.

            Lucita: -A veces lloré, ¡Porque si lloré!, porque sin darme cuenta te encontré en el momento preciso. Llegaste sin que lo esperaba.

            Yo: -¡No me pierdas! y no ¡quiero perderte!

            Lucita: -Y lloré porque sabía que algo diferente iba a pasar. Sé que somos amigos y sé que siempre lo seremos y me dolería sino fuese así.

            Yo: -Mi amiga, mi amante. Contaré de ti en mis escritos.

El asombro no terminaba allí, sus mejores palabras y las más dulces estaban prontas en salir a pasear muy cerca de mí, para de ese modo no olvidarle nunca. Lo que ella esperaba.

            Lucita: -Pero el tiempo pasa y todo cambia, y, en algún momento serán quizá solo viejos recuerdos; como ya lo son.

            Yo: - No lo serán. Ten lo por hecho.

            Lucita: -Contaras de mí en tus escritos, ¡Oh!, ¡Me muero!. Gracias por ese espacio.

            Yo: -Cuando hablemos aun así pase el tiempo, seguirás fresca en mis memorias.

            Lucita: -El tiempo pasa y es imposible cuando se enamora.

            Yo: -¡Lucita!, cuando en verdad se ama, la persona pueda que falte, pero el sentimiento perdura.

            Lucita: ¡No!, solo queda el recuerdo, ¡Nada más!, y muy lejano.

            Yo: -Esto no será solo un recuerdo.

            Lucita: -Tendrás otro amor, otra vida.

           Yo: -Esto no será solamente un recuerdo, es amor en porciones de memorias. ¿Tendré otro amor? –Sí. Pero hubo alguien antes quien me enseñó a amar.

            Lucita: -Bueno, hasta donde puedas tenerme, seré agradecida contigo.

            Yo: -Y entonces aparecerán de nuevo letras formando tu nombre en mis recuerdos, en mi corazón.

            Lucita: -No sé cómo será.

            Yo: -Tampoco yo.

            Lucita: ¡Vez!, mejor calla.

            Yo: -Hacia referencia al sentimiento.

            Lucita: -Entiendo.

            Yo: -¡No te vayas nunca!. No permitas que tu imagen se borre de mi mente.

            Lucita: -Bueno, también en mi de ti queda un fragmento. Eso no se pide, no sé cómo explicarte eso, pero en fin… Te quiero.

            Yo: -De cualquier otro modo, querida Lucita…

            Lucita: -También de mi parte, siempre estarás cuando me dirija a alguien.

           Yo: -… Has sido como el resplandor de la mañana que tanto esperé llegara para llenarme aun así en pequeñas partes del calor que te desprenden.  Tú                esencia, tu encanto.

           Lucita: -Bueno, tengo entendido que una persona se refleja en la otra, y, que se es especial y único cuando la otra conoce de donde provienen tales                   cosas. Y me encanta saber que son solo cosas mías en secreto.

           Yo: -Tu secreto compartido, conmigo.

           Lucita: Y saber qué viene te de ti es de suma alegría, pues me encanta esa parte de ti en mí.

           Yo: -Ha sido muy profundo lo que dices.

           Lucita: -Es poco para lo que fuiste.

           Yo: -Conocer de ti, trajo innumerables alegrías a mi vida.

           Lucita: -Es mutuo. Sentí haberme confesado con el hombre equivocado JA JA JA.

           Yo: -¿?

           Lucita: -Pues se habla del atractivo con alguien más. Pero he hablado poco porque no me quiero exceder.

           Yo: -¡No te excedas!

           Lucita: -Creo está bien así. No habrá más, además con miradas se pueden decir las cosas.

En qué momento le perdí, en qué momento le deje ir… Pensaba escuchándole hablar. Ella reía de tal forma que me sumergía entre su alegría. Era cerca de las once con cincuenta y tres minutos, y, deseaba tanto no se fuese. Esos momentos parecían haber sido los más hermosos. Solo falto tenerle muy cerca para que fuese real.

No podía contener la calma, me veía inquieto. De no haber sido por la distancia, seguramente habría ido a por ella. Le había estrujado de entre mis brazos y le habría besado hasta el alma. No podía dejar de especular en lo que habría acontecido si el encuentro de nuestros cuerpos se hubiese dado, pensaba tanto que pensé en voz alta.

           Yo: -No me arrepiento de nada, porque todo lo que te amaba siempre hice en hacértelo saber. ¡Créeme!... temblaban mis labios.

            Lucita: -Aunque te fue difícil decir: te amo. Eras duro contigo mismo, sin embargo las pocas veces que pasaron, me sentí alagada y feliz.

           Yo: -¿Imaginas de mi parte?, honestamente me sentía libre al decirte lo mucho que te sentía. Eso me hizo tenerte mucho más profundo de mí.

            Lucita: -Como haya sido, me encantó. ¡Ah, otra cosa!

           Yo: -Dime.

           Lucita: -No sé por qué me era difícil besarte… Pero quizá debió haber sido porque has encontrado aquello que buscas en un beso y que logras y hallas,             y luego buscas algo más que te deja encantada el alma aunque exista miedo.

Porque si recuerdas, comente en ocasiones: Me es difícil besarte, además no quería acostumbrarme. Pero que ricos besos.

            Yo: -Extrañaré tus labios.

            Lucita: -Por favor ¡No!, o te buscaré en mis sueños y luego querré que sea real. ¡No me mates!.

            Yo: -O por el contrario, paso próximo de tu casa y voy y te robo un abrazo y los besos de tus labios.

            Lucita: -No me opongo.

            Yo: -Y qué pasaría si me encanta tanto que no me contengo.

            Lucita: -Creo ya hable demasiado y mejor iré a dormir. Agradezco tanto este momento y todo. Te quiero muchísimo. Tú hablas por hablar.

            Yo: -¿Eso crees?

            Lucita: -Sí.

            Yo: -Porque no lo creo así. Hay cosas que quise pasarán y no se dieron que he quedado en deuda conmigo mismo.

            Lucita: -Mi declaración termino.

           Yo: -No sé qué pasé si te vuelvo a sentir.

           Lucita: -¡Corro!

           Yo: -Fue un enorme placer tenerte en esta conversación. Gracias.

           Lucita: -A mí más. Gracias por dejarme hablar de este modo. No dejes que pase de nuevo si vez que me desvío.

           Yo: -Es pero pase con más frecuencia.

           Lucita: ¡No! ¡No! ¡No!

           Yo: -Quizá me arme de valor para ir a buscarte.

           Lucita: -¡No! Por favor ¡No!.

          Yo: -Esta noche nos alcanzó impetuosos. Lucita, descansa.

           Lucita: -Esta noche no se hizo para mí.

           Yo: -Que en mis sueños te tenga y por favor, no te huyas. Entonces que la noche se haga para ambos y nuestros cuerpos cuenten la historia.

           Lucita: -¡Calla!. Debo irme.

           Yo: -No lo hagas.

           Lucita: -Besos en tus mejillas y muy cerca de tu boca.

           Yo: -Sería mejor me besaras o salto para de nuevo hacerlo aun así tiemble al intentarlo.

           Lucita: -Eres enamorador.

          Yo: -Es que eres una mujer maravillosa.

           Lucita: -Deja tu seducción lejos de mis ojos, por esta vez como antes me alejo lento.

           Yo: -Si te marchas que no sea por miedo.

           Lucita: -Fuerte correré.

           Yo: -Mejor sería aferrarnos y hacer pedazos ese miedo en el calor que nos envuelve.

           Lucita: -¡Que palabras!

           Yo: -De emoción reboso. Me has robado suspiros al escuchar tu voz tan penetrante.

           Lucita: -Iré adormir, gracias por todo. Descansa, te quiero.

           Yo: -Saludos cordiales Lucita, Te quiero.

           Lucita: Hablamos otro día, te quiero.

           Yo: -Hasta entonces. Buena noche.

           Lucita: -Que descanses, adiós.

Era cerca de la una de la madrugada, y, me encontraba más que cansado, nostálgico. El amor se me había escurrido como el agua entre mis manos, ella de nuevo se marchó y no sé bien en qué momento le vuelva a encontrar.

Los deseos me siguen aturdiendo, mis ojos escondieron el brillo que les distingue, sigue faltando ella. Mis labios casi se resecan; el frío no me deja, nada me da calor, sigue faltando ella.

Luego de escucharle por un momento, la sonrisa afloro de mis labios y no dejaba de pensarle. Tan extasiado estaba que no conciliaba el sueño.

Quizá no vuelva a verte tan pronto como quisiera, incluso quizá no vuelva a verte, por lo cual temo, sin embargo quiero sepas: Nadie ha sido como tú, supiste de mi cuidado, supiste de cómo darme caricias inolvidables, era como si me conocieras del pasado, cuando esas veces caminábamos tomados de la mano y jugabas con los ojos, en verdad que podías volverme loco. Esta noche ha sido la más fría desde tu partida. Te he tenido y no has estado, te he abrazado y has faltado, tus labios me han rozado tan cerca de mi boca, pero no me saciaron. Pueda de tanto pensarte me alcance el sueño o bien sea el insomnio, sea lo que sea, tenerte quiero y es lo que más deseo. Pronto a de salir el sol y junto con el tu recuerdo apegado a mi pensamiento.

 

 

 



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