J. Lago

Dulzura mallorquina

Ay, mucho te adoro,
Te lo juro, linda mía,
Ni sabes cuán te atesoro,
Cada vez que me sacas sonrisas.

Es simple, ni tan complejo,
Esmerarse, sudar y agotarse,
Para venir y leerte con anhelo,
Y mis sentimientos de mí se desbordasen.

Mi corazón, solo el mío,
Como un rayo ya arde,
Mas, ¿Por quién yo suspiro?
Por tí es que me acuesto tarde.

Solo cierro ahora mis ojos,
Y a mi mente tú caminas,
Sin importar que sea yo soso,
Hoy y siempre me atinas.

Oh, te verías tan bella,
Con tu suave piel tostada,
Sonriendo como una muñeca,
Y tus labios de marca dorada.

Mi uña, princesa. Mi uña,
Sería yo capaz de arrancarla,
Si tan solo de veces una,
Pudiera entonces tu cabeza besarla.

Maldigo a los océanos hoy,
A los tiranos, y tantas barreras,
Pues si de este mundo yo soy,
La nada sería menos artera.

No has más de llorar,
Ni tu mente, debe sufrir, 
Pues si algo te hace sollozar,
Ese algo ya no más vá a vivir.

No puedo casi satisfacerte,
Pues ante tí nada soy, 
Mas tú puedes bien complacerme,
Siempre ayer, mañana y hoy.

Irreemplazable, eres, pues,
Más dulce que la propia Psique,
Pero ni ella que tanto es,
Hace que de mí te libres.

Porque tú, mi magna senda,
Mi compasivo y dulce turpial,
De Europa la más bella,
Y del mundo, la carta final.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.