Adrian Labansat

CONVERSACIONES CON LA MUERTE

Llorada sobre la ceniza

en el desván pulverizado del tiempo,

arrinconado con el polvo

donde contemplo la obra que nunca ha de ser mía,

encuentra su vacío

de donde surge y a donde camina.

Estaba mortificado

merendando con la muerte,

la dueña de todo,

su esqueleto de humo

se confundía con el cigarrillo que humea,

yo habría matado algunas moscas sobre la mesa

como algo suyo,

como su instrumento

poseyó mis manos.

Mientras leía la fábula de la vida,

afilaba sus uñas con las que me desgarrara el cuerpo,

reía a veces, yo también le reía,

oscurecían las habitaciones del ayer,

nos iluminaba solamente la esperanza,

escuchábamos las voces del tren

emocionada por el viaje que un día emprendería.

 



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