Norberto Osvaldo Algarin

¡Rea!

 

Rea, la Diosa

del Tíber, de Rómulo y Remo

la madre próspera y fecunda, 

so del áurico cielo reposa;

prodigiosa visión y verso supremo

para el joven rapsoda y su lira fecunda.

Dale a aquél su mirada profunda

¡un dulzor de primavera!,

o un gran cielo que fuera

fino tul para bellos ojos,

y encontró en sus labios rojos

miel de amor que melifica

su valor, y lo enciende y multiplica.

 

Exprimen las manos ilustres que mecen a Roma

las dulces y afables vides de sápidos racimos.

"Contemplar su beldad: ¡oh gloria!", dice una paloma;

y otra: "¡Para envolver con la mirada existimos!".

 

¡Feliz el pusilánime y desdichado el fuerte

en las luchas fragosas de amores incesantes:

Rea corona al campeón y cual en un vaso vierte

en el corazón de éste claveles y diamantes!

 

Placidez de piel blanca,

magnífica como la nieve,

en Ella se encuentran la fe y los placeres

en el espasmo de su beldad pura y franca.

Se estremece y se conmueve

por la búsqueda de Ceres, 

por todas las sombras macabras.

Vale más que mil palabras

su mirada delatora:

so el blancor de la áurea aurora,

por Amor vela su seso;

por probar de nuevo en la dulce hora

del rapsoda lampiño su caricia y su beso.

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