Manchego

Espumante en la ciudad

 

Espumante en la ciudad

Se me pega el olor del sol y sin embargo me parece que camino por una ciudad de eterna niebla: la gente, los perros, los edificios.
Un muchacho camina y mira para atrás de vez en cuando, parece asustado. Le hago un favor y me adelanto hasta que la niebla amarilla del sol lo oculta.
De lejos pareciera estar desfigurado, la piel y la ropa se le caen como una acuarela y la tierra hedionda del pavimento abre la boca y se lo traga.
Cruzo la calle, compro un cigarro. Un señor con la piel reseca y mil ciudades en su cara rodeada de cerros me atiende con una risa prematura en un rincón de los labios.
Espero el ómnibus. El cigarro se carbura lento, el sol se oculta, la niebla desciende como una baba de miel por la cara del viejo, de los cerros.





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