Joseponce1978

Pavo real

Grandioso pavo real,

arcoíris de corral.

Eres grande por tu ostentosa belleza,

no por pertenecer a la realeza.

Cuando despliegas tu belleza

el gallo agacha la cabeza

derrotado, pues ni su canto

al alba puede eclipsar tanto

candor como guarda tu plumaje

(Digno del mas grande homenaje)

ni se libra de que sus gallinas

por ti lloren en las esquinas.

A pesar de ser el más tonto 

de todas las aves, más pronto

que tarde, hasta la alondra querrá

vestir tu traje de carnaval.

 

 

TUS PRIMEROS MESES (7 de junio de 2018)

Hija, a pesar de que el calendario indique que tienes poco más de 4 años, dado que viniste al mundo en febrero de 2014, para mí ya has cumplido los 5, ya que en la etapa embrionaria, sobre todo a partir del cuarto o quinto mes de embarazo, comencé a sentirte como parte de mí. Fuiste concebida en mayo de 2013 aunque yo no lo supe hasta 2 meses después, cuando tu madre me dijo que estaba embarazada. Lo cierto es que no fue una decisión premeditada. Por aquel entonces ya estaba pensando en retirarme al campo a vivir tranquilo lo que me restase de vida. Hasta ese momento, siempre me había mantenido firme en la idea de no tener hijos. Durante toda la vida he intentado ser libre en toda la extensión de la palabra libertad. Pienso que lo que más nos esclaviza son nuestros propios miedos y por esa parte yo ya me sentía bastante tranquilo. Como nunca he temido a factores como la muerte o el hecho de perder las posesiones materiales (uno de los miedos más generalizados hoy día),conseguí alcanzar un estado de paz interior absoluto. Y sabía que para mí un hijo sería un punto débil que me haría ser demasiado vulnerable. No pretendo ser un padre ejemplar ni dar lecciones de paternidad a nadie, pero cada uno tenemos nuestra manera de sentir y por mucho que trates de explicárselo a cualquier insensible, jamás lo comprenderá. Solo yo sé el desgaste psicológico que he acumulado en este lustro. El riesgo de que te pueda ocurrir algo siempre está presente, y aunque quizá no debería pensar en lo malo, es algo con lo que tendré que cargar siempre. Hace tiempo que aprendí a sacudirme la toxicidad de ciertas personas y aborrezco la hipocresía. Me niego a vivir instalado en una mentira. Actualmente se ha enquistado la hipocresía de tal manera en la sociedad, que se ha convertido en sincera hipocresía, aunque suene paradójico, pues es vista con tal naturaridad,  que cuando alguien se desvía de ese camino, se le mira como un perro miraría a un hipopótamo. Una persona sincera en este mundo solo tiene dos opciones: o estar discutiendo a menudo con la gente, o aislarse cuanto le sea posible y vivir su propia realidad. Y como a mí no me gusta entrar en polémicas, opté por la segunda opción. Hubiese querido aislarte a ti también lo máximo posible de toda esta cuestión. Con esa idea decidí seguir adelante con el embarazo, pero a última hora mis planes se desmoronaron cuando tu madre se negó a vivir en el campo. Tampoco se la puede culpar de nada, supongo que para alguien que ha vivido siempre en una ciudad, le será complicado adaptarse a la vida rural. A pesar del desgaste que me esta suponiendo mi condición de padre, por todo esto y por el hecho de no poder pasar contigo el tiempo que quisiera, cada sonrisa que me dedicas compensa con creces toda la inquietud y las preocupaciones derivadas de mi paternidad.

Durante el embarazo aun estábamos juntos tu madre y yo. Fue una etapa inolvidable para mí por lo maravilloso de sentir como te ibas formando dentro de su vientre, el hecho de apoyar mi oreja y poder sentir tus latidos, cuando daba golpecitos con la yema de mi dedo índice y tu respondías con los pies o las manos. Recuerdo que buscaba toda la información posible en internet y en libros acerca de la alimentación idónea que deben seguir las embarazadas o los métodos de estimulación del feto. Me empeñé en seguir todas las recomendaciones acerca de las pautas a seguir para un desarrollo faborable del cerebro. Al fin y al cabo era lo que más me preocupaba. Tenía a tu madre todo el día bebiendo leche con ácidos grasos omega 3 y comiendo nueces. Demasiada paciencia tuvo para no tirarme en alguna ocasión las nueces a la cabeza. También leí que a partir del quinto mes de gestación, era recomendable la música para una óptima estimulación del cerebro, ya que una persona alcanza su mayor número de neuronas hacia ese periodo, y si no se estimulan, en el momento del nacimiento habrán muerto la mitad. Fue este un dato que causó un gran impacto en mí. Para ello, compré un pequeño altavoz, como los de los ordenadores, le ponía la voz al mínimo, lo suficiente para que se sintieran las vibraciones, y se lo pegaba a tu madre en la barriga, tomando siempre la precaución de poner entre el altavoz y la piel un poco de algodón para amortiguar la vibración y para que las ondas magnéticas o electrónicas no estuviesen en contacto directo con la piel. Lo de las ondas nunca lo leí, era más bien paranoia mía. El caso es que en el lado que colocaba el altavoz con la música, tú respondías dando patadas, y cuando cambiaba de zona te girabas y allí que se sentían tus golpes. Era realmente emocionante, hija.Sin habernos visto siquiera, ya nos estábamos comunicando a través de la barrera dérmica. Cuando llevaba un rato haciendo esto, tu madre me pedía que parase porque pateabas tan fuerte que a veces le dolía, pues golpeabas con tanta energía, que daba la sensación de que en una de las patadas, ibas a atravesar la piel. Nunca se podrá comprobar si los bebés a los que se estimula durante la gestación nacen más inteligentes que los que no. Un niño nace como nace y no se puede saber como habría nacido si se hubiese obrado de otro modo. Por lo tanto, no son métodos fiables, solo hipótesis, pero bueno, yo tenía esa ilusión y actué en consecuencia. No pretendo ni mucho menos que seas una superdotada ni nada por el estilo, solo que tengas la suficiente capacidad como para saber defenderte en la vida. Soy demasiado perfeccionista y es algo que resulta frustrante en muchos casos. Cuando algo no me sale bien lo deshago y vuelvo a hacer las veces que sea necesario hasta dar con el resultado esperado, pero contigo no puedo rectificar y quiero que se hagan las cosas bien, y entiendo que tu madre se irrite muchas veces con mis exigencias. Tampoco cuesta mucho hacer bien las cosas, solo hay que tener un poco de sentido común.

No olvidaré la madrugada que tu madre rompió aguas, eran las 3 de una fría madrugada de febrero. Me puse tan nervioso que salí de la casa corriendo y ella me tuvo que decir que entrase a quitarme el pijama y ponerme algunos pantalones. Ya una vez en el coche parece que me relajé y en el trayecto al hospital fuimos tranquilos. Te costó trabajo salir, pues desde que tu madre entró a paritorio hasta que terminó de dilatar transcurrieron unas 8 horas. Un tiempo en el que me recorrí el hospital varias veces, preso del nerviosismo. No me gustan los hospitales pero en todo momento tuve la seguridad de que el equipo médico iba a hacer bien su trabajo. Y efectivamente, tras 8 largas horas de espera, el 7 de febrero de 2014, a las 11 de la mañana, al fin pude verte. Tenías un aspecto tan frágil que no me atrevía ni a tocarte. Lo que más me impresionó en ese momento fue el hecho de que hubieras nacido con los ojos abiertos, y en nuestro primer encuentro te quedaste mirándome fijamente. En ese instante, es muy posible que tú solo vieses una figura borrosa que temblaba de la emoción, pero para mí nunca una mirada ha resultado tan mágica.



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