Bryan Mendoza

Libélula Astral.

En la profundidad del caos
Te encuentro presente,
Palpitante y destellante tanto
Como las estrellas en el cielo.

En la profanidad de mi alma y de mi ser,
En el que te postras como una ave a su nido
Palpitante nuevamente como el dolor
Que revive la herida al corazón.

Te busco sin razón alguna,
Tanto así que mis ojos
Se salen en busca de señal de vida
Y no encuentran respuesta.

Me canso por las mañanas
Y más aún por las noches
En las que te recuerdo
Pero de mi voz no sale ni un gemido.

Libélula astral de mi caos andante
Tu lugar de origen no es sino mis labios.
No es aquel pueblo que llamas casa
Y tampoco la ausencia de lo que llamas amor.

Te busco por los campos solitarios,
Te busco y te busco pero tú vuelo se adelanta.
Soy como tu presa, tu bella presa
que quiere ser devorada por ti.

Abstinencia de tu alma,
De tus saberes infinitos,
De tu ausencia moderada
Y de la confusión de mi aura.

Todo tú eres como yo mismo,
Queridísimo Hiram de flores,
Tu rostro postrado sobre esa cama
Tiene la extensión del significado antaño.

Eres pasado pero sabes a presente;
Hueles a futuro y heme allí llorando.
No lloro sino cascadas de azufre
Que huelen a infierno pero saben a gloria.

Las melodías de mi alma
No se escuchan por los árboles
Los matorrales asustados
ya no se dejan perseguir por el viento.

El viento lleva tu nombre
y nuevamente
Todo tú eres como yo mismo.
Probablemente tu mano sobre la mía.

Y finjo que te odio
porque no hay remedio
ni cura para el cáncer, 
Ese cáncer que no tiene ni sentido.

Y finjo que te odio
Porque el tiempo me consume
Te consume, nos consume
Como un cigarrillo en aquel cielo estrellado

¿A qué le llamas agonía
Si tu piel está cubierta por
Brotes de oro y de infinidad
De diamantes perfectos?

Llámale agonía a no tenerme
Que aunque muero por estar
No estoy. Poetizo lo bizarro
Pero tú qué eres y qué eras?

No eres mas que un tulipán. 
Tanto a mis saberes haz dañado,
Y vuelves como talismán,
Y mi memoria ha colapsado.

Tanta poesía, tanto querer al vacío
Tanto qué contarle al viento
Y tanto que tirar al fuego
Pero, ¿qué más siento?

si no tu cálida compañía
aún sin estar

Tú me acostumbraste

 



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