Joseponce1978

PEQUEÑO COLIBRÍ

El suceder de los acontecimientos

a través del rítmico empuje de Cronos,

que detiene siglos y acelera vientos,

nunca conseguirá erosionar los tonos

definidos del delicado plumaje

del pequeño colibrí que, sin ultraje

agraviante, permanece suspendido,

impertérrito, mientras liba la flor,

del eter y del tiempo, y tiene por nido

un suspiro acomodado en un botón.

El viento que sopla con fuerza jugando,

divertido, a mover de acá para allí

las hojas que recoge, se encrespa cuando

no consigue, en llegando el mes de abril,

amedrentar al pequeño colibrí,

que continúa inmovil, como engastado

en el aire, libando del néctar puro.

Llega el invierno y el frío en sumo grado

se esparce hasta construir su sombrío muro,

sólo iluminado por el resplandor

que proyecta el tímido sol en la nieve.

Todo se marchita, incluyendo la flor

del colibrí que sigue igual, no se mueve.

Y como ya no se puede alimentar,

empieza a libar de la espuma nival.

Cuando apura la nieve, su larga trompa

sigue libando, con apetito insaciable.

Como si el universo fuese una pompa

y su trompa, ni más ni menos que un sable,

termina por absorber el infinito,

toda la materia, lo que no está escrito

en el firmamento, sin dejar galaxia

alguna, y en el centro de la negrura

ilimitada, permanece su magia

intacta en inescrutable coyuntura.

 

 



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