Porfirio Tárrega

Volar sin alas

Nació en mi corazón, al resplandecer una nueva razón a cuyas alas les impedí crecer.

 

Lo convencí de que eras lejana como el firmamento y entre sombras se dedicó a admirarte descontento y en secreto, redescubriendo la pureza en tu sonrisa en cada oportunidad.

 

Pensó en salir muchas veces, pero reprimí intransigente, uno a uno sus siempre inapropiados intentos de huir.

 

Los dias se volvieron años y mi pequeño sin alas, se quedó entre anhelos moribundo. Habia sido decretado hacía largo tiempo; sin opciones, la soledad lo condenó al desasosiego.

 

Sin embargo en esta ocasión, al ver que te elevabas en la densa niebla, desesperó sobremanera; intentó desprenderse de mí humanidad y dolorosamente cayó de nuevo en el duro fondo de la realidad.

 

En el calor de una desgastante y larga noche, buscó una nueva forma de escapar con su creciente reproche. Comenzó a construir puentes a la eternidad; juntó años de ideas, de pensamientos y de ilusiones destrozadas, para finalmente desertar adolorido y decepcionado del maltrato al que había sido injustamente sometido.

 

Libre al fin, logró volar convertido en simples y terribles palabras de desesperación. Todo aquello que dejó, es ahora la fuente de mi propia inspiración.

 

Inadvertidamente me libero a mi tambien con su vacío y me enseñó a hablar en silencio. Doloroso obsequio ha sido, pues a mi mano sentenció a vagar para ti entre tácitas hojas de papel; ya no puedo a mi palabra escrita detener.

 

Ojalá hubiera dejado que sus alas desarrollara. Tal vez en el rechazo habría encontrado honorable descanso o en el éxito, la realización suprema de volar acogido en luz eterna.

 

Inmesurable riqueza ha sido la húmeda huella de luz en tus ojos, cuando latente, él se encuentra en las palabras que orgulloso, te habría entregado de frente.

 

Lleno de arrepentimiento, me doy cuenta hasta este momento, que volar sin alas no es sólo alegoría de un sueño, sino inconsolable libertad de quien pudo ser también espíritu risueño.

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