Casta

UN POEMA TORPE

Tuve un día algún delirio,

si me preguntan cómo llegué a la escritura, fue por necio, 
por distraído, porque me acepté en el ocio y en lo humano,
porque esquivé dolores pero acepte algunos otros aún sabiendo de mi suerte anticipada,
porque guardaba mis palabras pero las escupía luego por alguna razón valiente,
porque enfrenté al miedo y a la tristeza la miré a los ojos con la curiosidad que la vida te regala después los golpes, de los días sin sombrero,  porque alguna vez también, fui consciente de ser feliz y recuperé el asombro, las cosquillas, cambié por los ríos el cemento, las miradas por balcones, la letras por abismos, entonces fui a las lluvias sin sombrilla, a las calles sin zapatos, acudí al exilio hasta saber quién era,  pasé días sin hablar, sino conmigo, me supe más que carne, aceptando mis ideas a veces oscuras, haciéndome responsable de mis vicios, cuidándolos incluso, sin alarmarme por algo extraño, sin espabilar con los golpes, y no es que no fuese sensible, aprendí que llorar no es cuestión de lagrimas no más, que también es víspera de flores, de sueños.
Entonces sales al mundo y aún puedes tener miedo, pero aprendes, puedes bajar la mirada pero ser fuerte, temblarán las palabras y tú con ellas, todavía habrá soledad y la aceptas, olvidarás quien eres pero algo hará que vuelvas, y volverás, una y otra vez al exilio, porque -a veces el poema tiene más amigos que el poeta.-



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