Victoria Rojo

Mirada hacia dentro.

En un mundo de flores y suspiros fingidos, residimos nosotros los que subsistimos con los destellos de la luz más brillante de todas.

Estoy encantada de las etapas agonizantes de la vida,

de la sensación.

¿Cuántas veces necesita ser arrancada una flor para saber que no le gusta?

Es la misma retrospectiva modificada que deberíamos hacernos a nosotros mismos.

¿Cuántas veces necesito que me rompan el corazón para saber que ya no soy el mismo?

 

Yo, silenciosamente me he sentado a pensar en los años de todos mis errores y he reflexionado que todos ellos están mal.

El error de decir te amo velozmente ese es el más enloquecido de todos,

el que ganó en velocidad,

de la mano de las emociones y los besos apasionados,

se asentó muy confiado después del café de mis tardes

y largas charlas futuristas con el sudor de mis manos;

se adhiere de prisa en las manos solitarias

que no han tenido nada jamás nunca en toda su vida.

Si yo pudiera decir que se siente ser lluvia caería todos los días sin excepción,

llenaría los ríos del dolor solo para alterar tu cauce y al día siguiente mandaría al Sol.

Hay que estar muy hipnotizado por la brisa de las noches empapadas para no darse cuenta que lo nuestro solo es un instante que superará el tiempo.

Tal vez mañana, tal vez en años pero; en cualquier momento,

pues es nuestro único consuelo.

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