Bolívar Delgado Arce

LO VITAL II

Nada hay como ver, después que el viento

ha arrancado tus banderas,

en la soledad de estas playas,

la dulce sensación de aún estar viviendo

y muriendo al mundano estruendo y vocerío.

 

Nada como volver a saber

del llanto primero de un niño

la azulada luz de la nueva aurora,

diamantinas gotas de agua en las hojas

y el olor de tierra limpia tras la lluvia.

 

Nada como un jirón

de brisa en el estío

aroma de fruta recién mordida,

goteo de nieve derretida

primer beso melífero imborrable,

durazneros floridos en octubre,

chispoteo del agua en las rocas;

abrazo del adiós, y más, del reencuentro,

reposo en los brazos y regazo de pasión

tormenta y torbellino, dulcísima fatiga.

 

Nada como la cadencia vital de una poesía,

oración musitada en ancianos labios,

fiesta de pájaros del poniente

en el acogedor y tupido follaje

o una guitarra rompiendo la noche.

 

Nada como saber

del renovado viento en vela,

vendimia y fructífera siega

candor de fruta fragante,

madreselvas, viento y hojarasca;

promesa, canto y pasión

manos juntas, labios temblorosos de amor;

himno, libro, copa, puerto

sol y sombra

ola, paz.

 

 

                              Bolívar Delgado Arce



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