Margarita García Alonso

Poema de enero

Sobre una hoja estampada con el horrible logo

de una fábrica cercana a casa,

escribo a todas luces sobre el fin de una época.

 

El viento transforma la arena en rosetones aislados

del bosque salen fieras que desmiembran

sin hambre, por placer, no sé,

nunca he sabido, no he podido averiguar

qué pieza abriga la ternura del Hombre,

pero ahí van, envenenan, rasgan,

mutilan y prosiguen a la noche que se avecina.

 

Habrá guerra, un impulso genético

me avisa: fue el último muerto

del tiempo donde el Hombre se perdía

en un torrente de rostros anónimos,

en oscuras informaciones manipuladas.

 

- hemos perdido la capacidad de sobrevivir,

hasta el héroe se mancha de vulgaridad-

 

Los poetas, antes desvelados,

a la menor quebradura se alistan

para leer vacuidades en parqueos

que caben en la pantalla del ordenador.

 

Soy testigo del desmantelamiento de mi ojo,

las fibrillas de neurotransmisión fundidas

sin espaviento escupen basureros:

entre alaridos, la plebe sacude confetis

en fotos multi-pixeles-macro-colores.

Retocado el grano, la pústula en la nariz

se adentraba donde el común viajero

hace paripé de viaje terrestre.

 

Como si viviese en el faro del planeta,

ayer supe el fin

y diligente arranqué un extenso texto

en una hojilla de helecho estival,

 

como si me subiese al carromato,

rozaría al magnífico día

que pregonan incautos por allá afuera.

 

-Quedan pocos recuerdos

de la isla donde nací, pocos cercanos-

 

Pensé que no tendría dudas ni deudas

pero envejecí entre desconocidos

no curé a mi hija, no terminé un libro

que atore al buitre al editor al amigo

y ni siquiera voy al espejo

pues toda huida

es quedarme entre ellos.

 

De La Costurera de Malasaña,  

Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2011

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