Edmundo Onofre

ESPERÁNDOTE

ESPERÁNDOTE

Y mirando el horizonte

me entretuve esperándote;

enumeré todas las aves

que marchaban en vuelo,

conté cada unos de los rayos de sol

cuando éste se posaba sobre los campos.

Acorté cada momento

vigilando mis pasos, mi sombra.

Mengüé días y semanas

en observar atento

lo que gratamente me rodeaba:

la espesura del bosque,

lo gélido de la helada,

el dorado de la arena,

el viento otoñal...

no quise pensar sólo en ti.

Sutilmente advertí que mi cuerpo

deseaba con urgencia reencontrarse

con tu grácil figura...

quería pensar sólo en ti.

No quise pensar sólo en ti;

preferí acortar el tiempo

ocupando mi mente

en grandes y diminutas cosas...

hice y deshice mi cuarto,

leí más de una vez las miles de páginas

acumuladas en mi armario.

En mis noches de insomnio

fantasee con tu fisonomía

al contemplar el decorado de las paredes

de mi habitación.

 

Quería pensar sólo en ti.

Abrevié  meses, años

con cientos de obligaciones caprichosas;

engañé a  mi cuerpo, sacrificándole

con rudas tareas cotidianas.

Descansé trabajando,

trabajé sin descanso;

mas mis pasos se acortaron,

mi sombra la vi más diminuta.

Infinitas veces fui al embarcadero,

otras tantas al andén del pueblo.

 

No llegabas.

No llegaste.

Tal vez hoy o mañana llegues;

pero mi cansada mente

no te distinguirá entre la multitud.

Ya mis sentidos atrofiados

no percibirán tu aroma,

tu voz particular,

ni tu vetusta figura.

Hoy, cansado,

con mi cuerpo envejecido y desgastado

quiero pensar sólo en ti,

aún engañando a mi mente,

espero que vengas a mí.



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