amarterarse

clark anderson

 

 Quiero ceñir mi barca de nácar
al iris profundo de tu mirada,
donde naufragan luceros
y el silencio florece como lirio nocturno.
Claudico —oh música etérea—
ante el cristal sonoro de tu voz,
y aspiro el húmedo petricor
de tus lágrimas siderales,
mientras el cielo inclina sus astros
como azucenas rendidas.
¿Qué misterio tiembla en tu pupila
cuando la luna derrama su leche de plata
sobre mi callar abismal?
¿Por qué la duda,
si el universo se desborda en certezas
como vino rojo en copa de mármol?
Tu melancolía —cisne herido—
resplandece en el vasto cosmos
de tu orgullosa hermosura;
y el arrebol, encendido en carmesí,
tiñe la tarde con fiebre divina.
Llora la aurora en su púrpura encaje,
llora el niño en el jardín dorado,
y una epifanía, solemne y quieta,
desciende con la ataraxia
de un dios cansado de eternidad.
Abuhado el corazón —rosa sangrante—
ella ríe, diáfana,
como si el dolor fuese perla
engastada en su boca.
Y en la afasia temblorosa
de su beso callado
arde,
luminosa y fatal,
la dulce condena
de amarterarse.


Clark Anderson

 

  • Autor: clark anderson (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 18 de octubre de 2017 a las 23:38
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 167
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