A. Martinez

Cuando.


Cuando todo termine,
dejaré abiertas las palabras
en el lomo del camino,
para que las apacigües
sembrándolas con tu voz;
dibujaré la amabilidad
de tu sonrisa
invocando mis instintos.

Tocaré en las puertas dormidas,
hasta escuchar
la respuesta de tu nombre,
que se quedó
callado una mañana,
mientras mis dedos,
tercos y despiertos lo besaban.

Y así, todos sabrán
que nos amamos de noche,
que éramos dueños
de la ductilidad de nuestros cuerpos,
mientras pastaban las luces
ensimismadas,
y los tejados alelados
buscaban las estrellas,
sin saber que tú reinabas
en cada centímetro de aire,
que tu calor era
guía y canto de mis manos.

Sabrán, que contenías
el mundo en las caricias,
que llevabas en la mirada
el renacer del día,
y que me amaste siempre,
incluso, cuando no podías.



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