E. R. Camacho.

...aquellos dos...

Dilapidada la aurora dorada
entre zafiros y turquesas,
desde los desiertos
 de perpetua arena,
con la calma del eco marino
que se posa extinto
entre los sortilegios
las carencias y el vicio,
se arrastran las olas del tiempo
entre la clepsidra solida y líquida
congelada por los vientos polares
enlazando un beso eterno
en el significado del amor.

Raudo arrebol veraniego
con sus ígneos abrazos
entre el águila de fuego
y los cerezos de dolor,
dos garras en la espalda
desgarrando el alma
por la prisa que lleva
uno de aquellos dos
que en la capsula del tiempo
se entregaron en un beso
y ahora uno de los dos
se marcha entre escarcha
de estrellas y polvo lunar
a los trozos de la soledad,
donde el amor no es amar
sino olvidar.

Sosegado crepúsculo invernal
con tus blancos de escarlata
en un soplo de naturaleza
el corazón se congela,
en fragmentos se destrozan
las ansias de olvidar,
la brisa ancestral regresa fría
acariciando las mejillas
desquebrajadas por no amar
destrozadas por no olvidar,
en tu mar austral de hielo
con su hoguera infinita
de nunca acabar con el ardor
de aquel beso entre aquellos dos
que cayeron en el vacío,
tal vez sólo uno encontró la melancolía
la nostalgia divina de la espera a ignorar
el beso efímero que se enterró en el corazón
y algo más.

 

 



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