25.

Aun teniendo miedo

En conclusión, aprendí a quererte aun teniendo miedo.

Tu mirada me cohibía. Cada palmo de mi cuerpo era intimidado por tu presencia, y aun luchando con mis nervios corrompidos por tu encanto, fallecían ante la astucia de tu cuerpo.

No había tregua en aquellas montañas que eran tus caderas, que sustituían cada maravilla del mundo, consiguiendo de esa manera leer en braille cada surco de tu piel, dejando perdido mi sentido común, olvidado y estancado en tu mirada.

Y aun regresando en mi cordura, lo tenía claro, aprendí a quererte aun teniendo miedo.



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