alejandro fozar

XVI.

Ahí donde Dios se ha erguido

y se crucifican los impíos sin solsticios, 

seré quien te arranque los cilicios

y lameré tus llagas como perro herido.

 

velaremos madrugadas en tu vientre

con atriles y coronas de begonias,

a la fragua del infierno ardiente 

arrastraremos collares de bigornias.

 

implacable humedad de tu resuello

deshoras que se trepan por tu cuello

olvidadas en un edén cetrino.

 

Fermentar en tu boca maíz y trigo

Y embriagar mis palmas sin abrigo,

yo, el que te besé, ni uno, ni dos, ni trino.



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