Deborah Jana Kausel

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Pobre alma solitaria

que recorre campos de tierra con sudor,

la soledad la encarceló a lo lejos de los olivos

manos enroscadas en lo profundo del corazón.

Y la espina, más daga que tronco,

que cuando el cuerpo canta y el alma llora,

pobre y tristes años,

que yacen en profundidad,

no pueden caer más

porque ya están en el pozo del olvido.

 

Y si una risa se cruzara por el destino,

suave caricia que rápido se va

como me gustaría amarrarla y dejarla calentar,

un triste hogar en olvido

una triste cara sin paz.

 



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