Ariel Figueroa Gomez

Canción de Epitafio

La cascara de la noche, calló y ese mármol

de tu semblante se hizo pedazos.

 

Paseaba con el día de luz oscura y los

pétreos caminos rozaban tu cintura.

 

Yo fui excabador, tu mina bella jaspeada,

que aire de tierra muerta me emanabas.

 

Te arrulle en mi pecho, llorabas sin llorar,

como gritaba tu oído y me hablabas sin hablar.

 

Tu tierra pálida se lleno de barrancos rojos

que chisporrotearón lágrimas de veneno verde.

 

Que olor a tierra muerta, que ojos que caminan

borrosos y en aquello ,lo eterno, se pierden.

 

Estabas desierta, sucia de eternidad, delgada

de vida y tan provechosa de muerte.

 

Te tomó nuestra amante yerta entre sus ramas

blancas y te hizo lugar en su tórax de nieve.

 

Se que no te marchaste, porque aún te veo, veo el 

enjambre en tu vientre de mariposas carroñeras.

 

Se que los sepulcros blanquean, se que en el

mármol amarillento esperas, esperas. 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.