Juliana Agredo

ABSOLUTA CARENCIA DE

 

Todos van a escucharme, van a caer atentos en el silencio, se obligarán a prestar atención, a desglosar palabra por palabra, a caer en la vanidad e intentar comprender mis ideas, estas palabras que hoy escribo y que mucho antes fueron.

No saben que llevo en las manos tres pétalos, que prefiero el silencio y el vacío, que el despertar no se me hace una caricia y que hoy, hace cuarenta y cinco años Pizarnik, aún enamorada de Silvina, dejó de escribir tristemente.

Aún atentos querrán ser críticos, sonreirán sarcásticamente, se mirarán de soslayo, divagarán entre pensamientos… Aquí no hay metáfora alguna, si cuando digo lluvia empiezan a ocultarse y a desdibujar la sonrisa perdiéndose entre banalidades, pero si digo raíz, entonces el vuelo caerá en duda y empezaré a ser yo quien se cuestione sobre los domingos y escriba poesía como el único motivo de sobrevivir a la existencia, a la corta y prematura soledad, a los días en que se desvanecen ciertas palabras con sus respectivos recuerdos.

Entonces ya no sabrán nada de mí, serán consumidos por los miedos, con un dejo de esperanza que dirige sus pasos hacía sus quiméricos sueños y entenderán, que la nada no es vacío, que el beso no es abrazo y el frío no es ausencia de calor.

Despertar será, lo que nunca ha de ser o lo que para pocos tendrá la oportunidad de ser, lo que para otros es sobarse los párpados, abrirlos y mirar, para mí es posar la mano sobre el sexo, desligarse de la realidad y abandonarse en el auténtico morbo de masturbarse los sentidos.

Todos van a escucharme, van a caer ante el silencio, caminarán más despacio, sorprendidos, engullidos, lloverán a cantaros, comprenderán la lluvia, sin embargo, no soy yo quien habita en la lluvia, romperán en llanto, van a romperse, a aniquilarse, a desvivirse, van a reírse comprendiendo y anhelando que este camino sea más largo resguardándose en la ridícula idea de hacerse eternos y encontrar el amor.

Incomprendido quedará lo comprendido, acaecido quedará lo acaecido, seremos un verbo eterno consumido, bajo la dulce boca de quien ya se ha ido.

Será el recuerdo quien calle y el silencio quien se rompa.  



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