Sebastián Lopera C.

SIMULACRO

Este adiós que pronuncias con fuerza
Ese adiós que desdeño con firmeza
Es un simple simulacro
Una finta irreverente
Que nos sirve de lección
para aprender a olvidarnos 
de verdad más tarde.
Me dices adiós para quedarte
Para recordarme que te recuerde
Y que no debo dejarte nunca
Sola con el mundo 
Que te hiere
Que te ama y te desgana
Que te anima y te entristece.
Me dices adiós para estar más cerca
De los detalles míos
Que te enamoraron un día
Y que de a poco, 
por oficio y por costumbre
se han ido diluyendo lentamente
en tus lágrimas.
Me dices adiós para no ir a ningún lado
Para seguir recorriendo 
Rutinariamente, incasablemente
Los caminos
En que nos hemos tomado
De la mano
Como dos locos amantes
Vigorosos e impúdicos
Sin temor del juicio de la gente
De sus miradas
Y sus caras de vergüenza.
Nunca hubo un beso avergonzado 
Ni una mirada hiriente 
Entre nosotros
Mientras nos amamos.
Me dices adiós para abrazarme con dulzura
Me dices adiós para acercarte con cautela
Me dices adiós para sentirte confortable 
Me dices adiós para hallar consuelo.
Me dices adiós para no querer irte
Y te digo adiós para no querer irme:
Ambos sabemos que estaremos
En el respiro hondo del pasado
En la melancolía cruel de este presente
Y en las penas futuras que desde ya
Nos están agobiando.
Pero nos despedimos, como simulacro
Para aprender a olvidarnos
Con dignidad
con decoro
sin herir profundamente
este sentimiento que nos ata
para cuando el adiós
sea un adiós verdadero.
Por ahora, basta con un “hasta luego”.



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