francisco lopez delgado

Carta a Josefina.

 

Carta a Josefina.

 

Mi querida Josefina, espero que
al recibir esta carta te encuentres
bien y que hayas descansado del viaje.

Desde que te fuiste, las cosas no han
cambiado, y yo, sigo con mis libros
y mis versos y el cuidado de mis
flores: los lirios, los claveles rojos,
los geranios… y a veces, con mis crisis
de ansiedad y los típicos achaques
provocados por el paso de los años…

¡Pero qué te voy a decir que tú
no sepas ya…!

No te preocupes por lo que te dije
antes de marchar, porque es algo que no
tiene la más mínima importancia y
no requiere la atención ni el desvelo
que me sueles dispensar… aunque, si te
soy sincero, te tengo que decir,
que hay momentos que me siento triste y
con ganas de llorar, y que después
de un rato - sin saber por qué-, me lleno
de optimismo y me pongo muy alegre…
¡qué cosa más extraña verdad?

Sé, que mucha gente no me entiende y
que por la espalda me critican, que mi
familia y mis amigos me ven como
un bicho raro que vive en un mundo
imaginario, fuera de las pautas que
rigen en la vida y del frontispicio 
de la realidad.

¿A ti qué te parece… crees que no
toco el suelo, que vuelo por el éter 
de la estratosfera… que tendría que
ir a un especialista para que me
diga los motivos que originan mi
comportamiento y mi forma tan rara 
de pensar…?

Ya sé, que te pongo en un compromiso
y que quizás prefieras callar… pero,
¿sabes lo que pienso?... que, aunque soy
un hombre grande, mi alma es como una
niña chica, que a veces, canta y ríe,
y otras, llora y patalea y se enfada
y grita.

Hoy- sin ir más lejos-, me levanté
llorando, y, sin embargo, ayer 
me desperté alegre y cantando...

Hay momentos que necesito hablar con
la gente para contarle mis cosas,
y otros, que sólo quiero estar a solas
para meditar sobre mi vida y
las dudas que me inquietan... y noches, que
me gustaría subirme al tejado
para besar la cara de la luna
y soñar bajo las estrellas, como
lo hacen las palomas y los gatos…

y después, bajar hasta el centro de la
tierra para convertirme en lava y
brotar de sus entrañas como un río
incandescente para derramar
mis inquietudes y los sentimientos
de mi alma…

También hay días que oigo -no sé cómo
explicarlo-, antífonas repetidas
que suenan como ecos muy lejanos
asidos a los miedos de mi infancia,
y el bisbisear de nuestros padres al
rezar los misterios del rosario…

¿Verdad que tú me entiendes, que piensas que
no estoy enajenado...?

Estas son algunas de las cosas que
me pasan sobre todo por las noches,
aunque al despertarme, se esfuman con la
claridad de la mañana.

No me quiero despedir sin decirte,
que también hay momentos que me siento
tempestad, y otros, mar y río y viento,
y cauce hondo de profunda y amarga
soledad…

Así que no te extrañe, si algún día,
-al pasarte por mi casa-, me encuentras
subido en una nube, o tendido en
el tejado hablando con la luna o
con el aire… o dentro de una pompa
trasparente, contemplando la aurora
mientras como pan con chocolate...

¡Porque mi alma es -como bien sabes-, una
niña muy traviesa y chica, que a veces
canta y ríe, y otras, patalea
y llora y grita… y se arroba con el
canto de la alondra y del jilguero y
escribe relatos y poemas y
llora en un rincón de la terraza
buscando una caricia, o el consuelo
del amor y la esperanza!


Autor: Francisco López Delgado.
Todos los derechos reservados.



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