J.K.

Costumbres, Poesía Y Un Canto Interminable

Costumbres:

Que costumbre tan tonta,
que costumbre tan tonta la tuya
de quererme tanto,
de quererme tanto en el olvido,
de olvidar tanto lo vivido

Que tonta costumbre tengo,
de buscarte aún cuando te has ido,
de olvidar de donde provengo
y convertirme en simiente,
en tus jardines renacido



Canto Interminable:

Que costumbre tan tonta,
tan tonta costumbre gozas,
de cortar siempre mi tallo
dejando caer al suelo sus rosas,
permitiendo marchitar sus hojas,
convirtiendo en míos, tus fallos,
y yo, que caído, me callo,
desprendiendo en letras, esporas,
germinando así el terreno,
árido campo en abandono,
que en versos germino,
confiado de un mañana venidero,
un porvenir en que el abono
sean los besos que en el camino,
un día, sin saberlo, perdimos,
lluvia de caricias que fertilice
los arrabales de nuestro amor
y empape de ilusión sus raíces,
ahogando así el pastizal del dolor,
con intención de que brote el antojo
en un futuro no muy lejano,
en lo profundo del verde de tus ojos,
el fruto del deseo y la pasión,
que a día de hoy son alimento de gusanos



Costumbres Y Poesía:

Que costumbre la tuya,
de quererme dolorosamente,
de dolerme tanto en la memoria,
de construir furiosamente
un puente de ilusiones,
a escondidas, para después
empujarme cuando publica haces,
de olvido, tu vil oratoria

Que costumbre la mía,
de hacerme indiferente
ante el recuerdo de lo que fuimos,
de buscar como referente
mi orgullo, explorando los seísmos
que el destino puso en nuestra vía
y así convencer a mi mente
que el fervor de amarte y tenerte
son solo espejismos

Que costumbre tan tonta,
que costumbre tan tonta la mía,
de yacer con devoción en el deseo,
en el deseo de desnudar tu alma,
de abrigar tu cuerpo con calma
y sosiego, de sentir esta utopía
de nuevo, en la cual tu cuerpo poseo

Que costumbre tan tonta la tuya
de hacerte la sorda cuando te llamo,
de hacerte la idiota cuando reclamo
tu amor, y como lobo a la luna,
mi alma a la tuya, maúlla

Que costumbre la tuya,
tonta costumbre de hacerte la muda,
de no pronunciar palabra
cuando me necesitas,
cuando te hago falta y desnuda,
el silencio tus sueños abruma

Que costumbre la tuya,
de ser tan ciega cuando me sueñas,
que al despertar, me niegas
una caricia en tu vientre
y orgullosa te mientes,
fingiendo que ya no me anhelas

Que costumbre tienes,
de estar tan desamparada,
tan sola, y arraigada
a mi anhelo, de ser intocable
en todo poema, que incansable
mi alma te escribe cegada.



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