Sí, la poesía no existe;
¿Es que existe algo?
Sólo son jóvenes jugando a los vicios,
Mojándose en el rocío de la amapola
Mientras las letanías suenan
Y el aire (humo) se vuelve un idilio…
Se parece tanto al olor de las vírgenes,
A la niebla de féretros abiertos,
Al vaho de los indigentes,
A las tristes, tristes visiones de profetas
Reunidos en los parques de la ciudad
Para hablar de amor.
¡Ora ríen los niños,
Ora los sollozos inundan los campos!
Me enferma su ciencia,
Su camino recto, divino,
Sin tedio…
Mandaron matar a todos los anacoretas,
Prohibieron la embriaguez,
Condenaron a los solitarios;
Dijeron: “Este es el palacio de la lucidez”.
Nosotros pintábamos los grandes muros blancos,
Los pájaros negros comenzaron a llegar,
No duró tanto…
Volvieron felices a los tristes tan necesarios,
Cambiaron las palabras de los libros;
Mis amigos de las cloacas se mudaron,
La mujer que vivía en la buhardilla,
Rodeada de gatos, dejó de cantar.
Yo sigo siendo peregrino,
¿Es que puedo ser otra cosa?
Pienso en la libertad
Como se piensa en Dios:
Resuelvo que es algo muy lejano.
¡No se puede vivir bien
Si uno no ha sido miserable!
Te lo digo.
Sí, la poesía no existe,
¿O es que siempre ha existido?
Cuán bellas son las mañanas de Agosto,
Donde ando por todo el gris y sus manías,
Cuando me siento convulso entre enamorados…
Y sin embargo logro tocar los cabellos de la muerte.
Llevo tres días sin dormir,
Tengo un ardor en el pecho,
Más bien una quemadura,
Más bien raíces que crecen
Pero que no pueden florecer.
Veo caminar a la maestra entre pasillos:
Lleva puestos sus grandes anteojos,
Con ellos ve qué rápido avanza el tiempo,
Qué rápido nos mata la vida…
¡Me doy cuenta que aquí no se duerme,
Es hasta el ocaso!
Oh, pequeños egoístas,
Con sus marcas en las manos;
Oh, mis amores,
Con los clavos oxidados;
Oh, centinelas de la medianoche,
Con las cruces cargadas en la espalda…
Les veo, me río de ellos:
Son Sísifo sin piedra.
Les veo, estoy tomando el té
Con el señor de Montfermeil
Y Mahler toca y toca,
Lentamente toca,
Con un dolor toca.
El señor de Montfermeil se muere y se muere,
Lentamente muere,
Con una sonrisa muere,
Dice: “Me muero de poesía”…
Somos la perfección en blanco y negro,
Escribimos la historia de Caín,
Le abrazamos;
Nosotros fuimos los soldados que nadie recuerda,
La carne en el suelo de los reyes;
Los últimos hijos de Sodoma,
La última canción de Gomorra…
Sí, la poesía no existe,
¿Cómo puede existir la desaparición?
Pgdilgaugdu agiuaskjdudgoena,
Olha ohddhe gayg ysugsuigdiugd;
Edftara ljaksneame rstadi.
Zibvta tryusia kjdtare,
Yawvrilko nchait groen frejtpaxi:
Alndes figtur merdes pruncesla!
Soy todo
Lo
Que
Pasa
Spleen
Spleen
Spleen
El
Apocalipsis
Amando
Soy
Nada
Al amanecer Y Al final
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Autor:
Gerson Hernandez (
Offline) - Publicado: 10 de septiembre de 2017 a las 21:51
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 36

Offline)
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