Kristian Rueda

Es Gema, Lucero Entre Exoras

 

Mi corazón nunca dice encontrar, pero el silencio más sincero conoce las lágrimas más calladas, cuando la rama no se encuentra ni en el viento, ni aventada por la soledad a un abismo, a un dolor tan difícil como impensable, cuando se agota por siempre su flexible voluntad, cuando ya ni ella recuerda quien es ni será. Guirnalda de vida que inflama la esencia, que exhala lo imposible.

Abrirá el viento como hilos elegantes y delgados sus alas del recuerdo y volará para no volver, para ahogarse de pena, y ebria de azul por el cielo apenas y tan claro como el último enamorado que lo vio pasar y guardando un poco de el para sí, lento para los que recuerdan y rápido para los que comienzan a aprender a vivir, duro para los que sufren y un poco menos para los que viven.

Aquella vez que la vi, empapaba la lluvia, y agitaba al viento, la acariciaban los lirios y volaban a tocarla pétalos desmenuzados, al murmurarle a ellos mismos una oscuridad advertible y merecida que le pendía hasta la cintura sombría y bella, una mirada taciturna hablaba más que cualquier cielo mordiendo en los labios de Dios. Blanca y leve, como si al hacerla Dios hubiese usado nieve, sus manos alcanzaba las nubes o  las nubes se derretían en sus manos, aun no me es muy claro, pero en ese instante breve solo intentaba no olvidar respirar, pero solo una acción concreta me gobernaba, suspirar.

Ella me vio, y ante mi instinto le regale una sonrisa tímida, mientras ella me miraba con su mundo y reía con su cielo; Que ofuscado estaba, aseverando que me moriría de amores. Clame a las rosas, y al instante me perdía en su voz de prosa, hablaba tan suave y dulce que juré que recitaba mientras yo con Dios hablaba. Era hábil y muy lista, con un alma no muy fácil e imprevista, pero al rotar su vista la mía se disolvía ante su nieve, su nieve consumidora. Una estrella le merodeaba los ojos y un planeta se posaba en su brazo absorbiendo mi universo, como la brisa que alguna vez fue y olvidó tras intentos como serlo.

En los labios tenía una feroz quemadura, del sello de las rosas, apreté  fuerte mi alma para que no se me escapara, tan fuerte como para que me aguardara. Tenía los pómulos hendidos y una mirada bifurcada entre lo que decía con sus ojos y lo que murmuraban las olas de sus mares. Si miraras a una sola dirección posiblemente se apague el sol, y se congele el oriente esperando tú abrigo o al menos verte, se dormirá la noche esperándote y la luna dejará de verse en ti, se trizaran las estrellas y tu nombre no se vería más en las noches más bellas, ni siquiera habría noches porque la luna ya no soñará en las tuyas.

Ella dice mucho con la ausencia de sonidos extintos, de hecho dice maravillas cuando aún no ha dicho nada, pero para mí eso basta. Su voz secreta, su alma tenía un idioma indescifrable, pero me empreñaría en decodificarle, cada silueta, cada curva, cada destello, cada milla, cada risa y cada gesto. Que fortuna de verla, de estar allí cuando en realidad no estaba, de pisar el mismo suelo, de que me viera a través de sus palabras.

Me asfixiaban mis palabras, y movimientos nada predecibles me aguardaban, como una mirada, me secuestraba su silencio y hacía del mío su universo. Las venas de su cuello, la cicatriz sobre su labio, su nariz tan mínima, eran mi punto de referencia para no perderme en su pequeño e infinito cuerpo blanco y desolado, mientas ascendía mis labios se encontraron con un estímulo incondicionado de pensar en besar sus manos, mientras me descuidaba en sus ojos me hacía cada vez más naufrago. Solo quería imaginar sus pies como mi almohada, los besaría cada  noche, la diferencia es que no me envenenaría de esperanza, pero aumn desgastaría el cielo y la luna entre besos hasta que no pudiese más de tanto amor. Si pudiera reposar mis sueños en su frente y  volar entre sus brazos (deslizarme en sus pestañas para morar en sus ojos y rosar con mi nariz el bello en su mejilla hasta morir en su aroma)  sus sueños donde piensan los poetas, sus ojos donde sueñan las estrellas. Amaría y amaré todo de ella, si un día me lo permitiera, me lanzaría en su mirada infinita y palabras de abismo, y para mí sería y será la más bella aun si padeciera estrabismo…



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