JuacoH

Jaime Garzón.

Le dispararon, La pólvora sonó a injusticia, a impunidad. El eco del silencio de justicia y de los medios, recorría cada esquina del pueblo que reía con sus verdades, del pueblo que ahora llora su muerte como llora una herida abierta en el alma.

Solo un genio hace de la triste realidad un chiste, de la verdad del explotado una alegría. Nos advirtió del buitre de la muerte con su ejercito de convivir, del esbirro del cinismo adornado con dogmas fascistas, que arropa bajo la premisa de libertad y democracia, nos advirtió de la muerte lenta que sufrimos 8 años en los campos y en las ciudades, en las calles y en las montañas. Nos advirtió del asesino de conciencias y pensamiento.

Le disparan cada año a su memoria, pues el paramilitarismo que lo mato sigue incrustado en el gobierno,  sigue masacrando  pueblos, sigue en la boca de los tontos, de los indoloros que ven la guerra desde la pantalla patrocinada por el miedo, la codicia, la ignorancia y la muerte.

Le dispararon, lo mataron. La derecha siempre en su miopía, acostumbra a enterrar sus muertos en fríos y lúgubres mausoleos de mármol y olvido. Tontos, creen que así acabarán la izquierda y la esperanza de los que recuerdan en cada respiro,  que el corazón humano late en el lado izquierdo. Nosotros, los locos, los soñadores, no enterramos nuestros muertos, los sembramos en nuestro pecho para que sus gritos acompañen nuestros gritos, para que sus puños izquierdos sigan en alto en cada marcha junto a nuestros puños, para que sus ideas sigan vivas en las nuestras, sembramos nuestros muertos para que vuelvan a nacer.



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