Kristian Rueda

Hay héroes

Yo entono un himno solemne en honor a los héroes que libran las más fuertes batallas en sus almas, que aguarda los azotes de un silencio caníbal, y un vacío cóncavo con la bruma de un sueño imposible, y un leve escote que revela temores inexplicables de una mirada intocable. Yo veo héroes todos los días en las calles haciendo malabares con la rutina, madres que entregan todo sin mediar un pretexto a la vida, heroínas con capas que le bañan su espalda con una cabellera voluminosa, que emprenden vuelo a medio dar, salvando mundos con apenas mirar y volando mientras caminan con un dulce bebe en sus brazos.

En mi país veo héroes que mueren de esperanza a diario, que buscando un todo y se esfuman en la nada, héroes que corren millas en segundos huyendo de los malos con armas y gases. Héroes que llegan todas las noches a comerse la arepita que le espera sin falta junto con los viejos esperando ver una noche más a un soldado solitario, héroes llenos de escombros por reventar ciudades, que tienen un tizne transgredido por un comunismo, una cruz de ceniza le surca la frente haciéndose acreedores de un inocente destino, héroes que matan a la muerte y se escapan con la vida. No le tienen miedo a nada, salvo a no poder salvar suficiente futuro, no poder hacer del tiempo circunstancias, no llorar lo suficiente la perdida de aquél pana que en semanas se convirtió en su hermano, de hecho no existe el tiempo, porque mientras la libertad sea acosada el tiempo agoniza.

Héroes que no temen a no volver siempre y cuando la familia esté bien. Héroes que lloran cuando nadie los ve, que se arrullan de lágrimas, temores y dolores, que se pegan a la almohada ahogada de albumina desesperanzada porque cada día es un luto; que descansan sin dormir, porque no necesitan de sueños cuando ya sueñan a diario con libertar una patria moribunda. Héroes que nacieron en  un país remoto de américa latina, de las mujeres más bellas con el color de la bandera en su risa y en sus venas. Héroes que hacen de miradas sus emblemas y mujeres sus banderas, héroes que temen por no temerle a nada, que hacen hasta de flores barricadas, que buscan tapas para escudo y oran antes de volver al campo de batalla. Héroes con profesiones, héroes bachilleres, héroes músicos,  héroes que sucumben, que de tantos que caen se haría un salón honorable, héroes que salen a asistir más héroes, héroes que sin importar su situación financiera o color son hermanos de quien sea.

Yo conozco héroes que crecieron en mi barrio, héroes que son padres y madres al caer la noche y al llegar la mañana vuelven a reventar mundos y trajes acorazados de cobardes sin clemencia. Héroes que ríen tristezas y cantan un himno nacional que sin pensarlo era una premonición, héroes que lloran cantos, que entonan alegrías, que murmuran un beso y abrazan miradas, que atrapan bombas hasta con los dientes y sin ser buenos en algún deporte se convierte en medallistas olímpicos en un día corriendo del sistema.

Héroes que luchan por los que están en los hospitales siendo muy héroes, de hecho, o por las madres que no comen diciendo “no tengo hambre” para que rinda la comida, héroes que salen a trabajar limpiado o martillando para ganarse una rabieta por la paga y el aumento que va a un inconsciente y su gremio de mal-pagados. Los héroes de mi patria son desentiendes de procederes. Cuando mi país necesita libertadores no los manda a buscar o los espera, los pare. Sus armas son un montículo de piedras, palabras impotentes, unión de amor patriota, esperanza, escudos hechos con los potes de mami y algunas botellas robadas de los vacíos (caja de cerveza) de diciembre para unas molotov, uno que otro fuego artificial y fe en que algún día haya rendición en los grupos de reprimenda armados hasta los calzoncillos (que por cierto están caga...), cobardes que nos quieren robar lo jocoso, que nos quieren sembrar desconfianza, que para secuestrar mi país necesitaron armas… lo que nunca necesitará un héroe.

Mi nación se ha teñido con la sangre de héroes, sangre que no se borrará cuando el sol ilumina; asimismo se ha llenado de lágrimas que hasta caen descendiendo en al  cielo. Los héroes de  mi patria nunca los olvidaremos, los llevaremos en las mañanas, en los mares y  en los corazón, cada noche llegará una dedicatoria de Papá Dios entre las estrellas a mis héroes, héroes de verdad.



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