Betzabeth Jaramillo

No nos rindamos

No nos rindamos

No nos rindamos aunque se apague la llama,

No nos rindamos aunque el apetito se encuentre desnutrido

y afuera en tarantines llenen de platos las sobremesas,

Por favor, no nos rindamos ante el frio sórdido del abandono y la soledad,

Por favor, no nos rindamos que es imposible no extrañarte entre fotos o en mil recuerdos.

 

No nos rindamos así vuelen los platos rotos y cubran las lágrimas nuestros egos,

No sembremos el irremediable olvido que será una flor marchita,

Una franja negra intensa que cubre nuestras pieles,

El recuerdo perpetuo de días tórridos que no tuvieron aliento,

No abandonemos el juegos ante los pianos rotos, los ídolos rotos y los papeles rotos,

No ahoguemos con sal y cal las flores del futuro que sembramos en primavera,

Que el otoño no se lleve nuestras pieles y nos deje sin rumbo.

 

Por favor, no nos rindamos aunque catrina este afuera y dentro de casa se apague la chimenea,

No nos rindamos aunque el techo ceda entre grietas,

Y moho carcoma las bases de algunos cimientos,

No nos rindamos aunque el hielo toque las yemas de nuestros dedos y nos queme las manos,

Trapase los cuerpos, con cicatrices de arena clavadas entre mi pecho.

 

No quiero ir al velorio de nuestros sentimientos,

No quiero ser la viuda de un sentimiento muerto,

No quiero ver tras una insepulta caja nuestras cartas y pasatiempos

No quiero caramelos agrios y azufre entre lamentos,

Ni sentir el pésame frio de un adiós a traspieses,

Que se cuele en la gente incordiando al prensente.

 

Quiero tomar tu mano y aferrarme a tu cuerpo

No dejar que te vayas entre sollozos y lamentos.

No dejar de sentir la esencia de ti, la almohada de mi cama en las noches para dormir,

No nos rindamos aunque el destino sea implacable y sucumbamos ante el tiempo,

No nos rindamos ante cupido jugueteando sutilmente entre estorninos

No disipemos nuestro cariño como gota que cae y se expande en hondas

Aunque el cariño se sofoque o transforme no nos perdamos…

Que las cadenas pesan lo que pesa el olvido.

 

betzabeth Jaramillo

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