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129. RELATO



 

 

129. RELATO

 

 

EL AMIGO DEL HIJO

 

 

Era la reunión del domingo por la noche de un grupo de amigos, después que cantaron algunas canciones y bebido algunas cervezas, se acercó un hombre ya demasiado viejo (se trataba de un hombre que frecuentaba el bar y casi siempre seguía la misma rutina, pedía una cerveza al cantinero bebía un trago y con su botella en la mano se alejaba al rincón más apartado del bar, solo se veía el ir y venir de las botellas, mientras el anciano enmudecía y a ratos se veía enjuagar sus lágrimas) y por primera vez en mucho tiempo rompió su ceremonial y tomo la voz ante el grupo de amigos.

“Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del pacifico, cuando una tormenta, les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparán a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres”.

Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miro a dos de los jóvenes que se encontraban en ese numeroso grupo, los cuales mostraron gran interés por su historia.

“El padre logro agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: escoger a cuál de los dos jóvenes iba a salvar. Tuvo solo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era buen nadador y tenía una fe inmensa, luego también sabía que el amigo de su hijo no era ni buen nadador, ni mucho menos se preciaba de ser creyente. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas”.

“Miro en dirección a su hijo y le grito: “TE QUIERO MUCHO, ¡HIJO MIO! Y le tiro la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomo al amigo halar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo”.

Todos los jóvenes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el noble anciano.

“El padre – continuo el anciano- sabía que su hijo pasaría a la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrifico a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulso a hacer lo mismo por nosotros!

Dicho esto, el anciano volvió a sentarse en su lugar, apartado de toda la gente e hizo una señal para que le sirvieran otra cerveza. Pocos minutos después uno de los jóvenes de aquel grupo, el cual era ateo, se acercó al anciano y le dijo cortésmente:

  • No puedo negar que fue una magnifica historia señor, pero en cuanto a eso de la fe lo considero una verdadera falta de tiempo y dinero, con todo el respeto que usted me merece, como también creo que las fantasías son solo eso fantasías. - Dijo el joven.

“Tienes razón joven amigo– le contesto el anciano mientras miraba una Biblia pequeña que saco de su gabardina. Volvió la vista al joven y continúo diciendo- pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su único hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creerlo sino fuera porque yo soy aquel hombre que dejo perder a su hijo por salvar la vida de su amigo.”

Comentarios3

  • María Ángel Santos

    Decisiones difíciles en la vida.

    Grandioso relato.

    Un abrazo grande

  • Alexandra L.

    Impactante relato...Sin comentarios!!!

    Un saludo cordial, Alex

  • Isiszkt

    Uff pnca que fuertes decisiones, me ha encantado.
    Un saludo afectuoso



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