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En Honor a una Incansable Luchadora. Laura Alcalá

Era una incansable luchadora. Pasó por mucho, pero siempre se animaba a luchar con más valor, no se detuvo ante ninguna circunstancia, sabía que la vida era saltar los obstáculos que se nos presentaran y ponerles la mejor cara para que se dieran cuenta que no podían derrumbarla.

Se esforzó por cada logro que consiguió, nunca le fue fácil absolutamente nada, todo lo consiguió con esfuerzo y el sudor de su frente.

Nunca hubo nada que reprocharle porque ella era tan grande como su corazón, para todos siempre tenía una palabra de ánimo, cuidaba de todos como una madre cuida de sus hijos, con amor, con fuerza y con entrega.

Paoliña, sé amable - me decía - donde llegues trata a todos con humildad y educación, la gente odiosa y orgullosa no le cae bien a nadie. El que se monta en una nube cuando le toque caerse se cae bien duro. Y así vivía, siendo amable con todos, ayudando y ofreciendo la mano a todo aquel que la necesitara. Sin orgullos, ni egoísmos.

Quizás no era la mujer más cariñosa, pero siempre podía darnos un beso en la cabeza y decirnos que nos quería mucho. A veces no era ni necesario que lo dijera porque se esforzaba tanto por su familia que eso quedaba sobreentendido.

En realidad no tuvo un padre, él nunca fue esa figura que ella necesitó, no tuvo su ayuda, ni su apoyo, pero se convirtió en uno para sus hermanos, dando todo cuanto podía para que ellos estuvieran bien y no pasaran lo que ella pasó.

Cuando se proponía algo no paraba hasta lograrlo. Cuando tuvo que llorar lo hizo, sabía el momento y las personas justas para derrumbarse, pero cuando lo hacía con las mismas fuerzas que caía se levantaba.

Estás loca¸ le decía cuando me salía con sus locuras, o aquella vez que nos llegó con el cabello realmente corto y unas mechas amarillas. O a veces cuando bailaba alguna canción que sonara de cualquier lado. O normalmente, yo solía decirle que estaba loca.

Ella era una mano que agarrar, un hombro en qué apoyarse. Ella era fuerte, era incansable, luchadora, solo la muerte pudo vencerla. Pero vive en nuestros recuerdos y en nuestros corazones donde dejó huellas imborrables, vive ahora en presencia de Dios que está tan feliz de tenerla como sé que está ella de estar con él y como nosotros de haberla tenido.

Hoy no está a nuestro lado y dejó un vació tan grande como era ella, hasta luego Lauriña, nos vemos en cielo.



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