Jose Luis Posa Lozano

LA TREGUA QUE NO ALCANZA

Siempre esperando la paz y la palabra,
esa quimera, ese sueño, ese confín,
donde rompen los besos rechazados,
donde mueren los ruegos ignorados,
donde a veces me sueles reducir.

Y me entrego a la mar de tu mirada
como un naufrago sin balsa ni bajel
y buceo en tus verdes soledades
y me sumo en tus hondos manantiales
por tenerte en mis brazos otra vez.

Pero el mar de tus ojos se hace sombra,
una sombra de negra soledad
que se clava en mi pecho con mil dagas,
como chispas de luna entre tus aguas
en la noche plateada y espectral.

Y me quedo flotando entre dos aguas
con los ojos quemados por la sal
con el cuerpo aterido por el frio
de ese mar que otro tiempo fuera mío
y que ahora, me arroja al roquedal.

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