Y te vi...

GuardiaBlanco

 

Estabas ahí, parada en esa línea de tiempo infinito que tenía tu nombre, llegaste callada y serena vestida de paz y calma, llegaste como un abrazo de Dios como un albor de otoño que sacudió mi alma. Y te vi, blanca eterna dulce sutil tibia y sabia, contemplando tus ojos exquisitos fúlgidos que besaban la nada, tu sonrisa tibia hablaba de canciones célicas que brindan calor, y tus manos tímidas tocaban poesía y esos latidos arcanos que gritan amor. Ahí estaba yo, un tanto lóbrego colmado de silencio llevando un orbe antiguo, ahí estaba yo nervioso en esa primera cita contigo. 

 

 

Comentarios +

Comentarios1



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.