Kike Alonso

SIGO VIVO

El viento aletea, juguetón, en las hojas de los chopos pardos.

El dolor se escupe como un rezo tempranero, al aire, inerte

La ternura, disfrazada en brisa, acaricia mi cuerpo desnudo y,
los olores del atardecer pasean despacio por el coral de mis nubes.

Parece que todo, por fin, se reajusta.
Parece que todo, por fin, se encaja.
Parece que respirar es una nueva aventura…

Y el SOL, en su despedida, arranca una ola dorada de algodón
atravesada por una neblina protestona y terca.
Aletargado por esta mar que, esta vez, parece calma…

Y se fue el dolor… todo terminó.

Y, el agua me repite, como un rezo tempranero, al aire
que ya no me duele el pecho…

De repente me ensueño en un curva, huyendo a todo correr
del calor, del sudor… de las heridas…
con decibelios y música estridente…

Corro y rompo mis atracciones
Corro y atravieso toda la ciudad en mis propios altavoces…
Corro y dejo que la velocidad me enjuicie los dedos de mi mano bajo el espejo.
Corro y aparece la ilusión que me protege del peligro a morir.
Corro entre coches contra miles de vidas y heridas, que no me importan.
Corro y mi coche se convierte en algodón y alcohol que desinfecta y emborracha. Corro y corro.

Todo se me hace un túnel desde hace años... y la adrenalina sube por latidos de emociones
y mi rotura sale en lágrimas de "nopuedomases".

Existe un peligro real cuando descubro que la vida me pasa por la mente
y me voy al túnel que me protege de todo… y no veo nada más.

Todo se nubla y sólo quiero escapar y llegar a mi destino ya… la cima de las Luces Sagradas.

Y quiero vivir tan pleno y cabal como, en el pasado, fui.
Quiero vivir acorde al objetivo para el que nací.
Llegué como el soldado a Normadía, como el suicida en su último viaje, como Magdalena al Sepulcro.
Quisiera tenerlo tan claro…

Llegué a mi propia sequedad y muerte…
Nada me distrae de mi sueño y la música y su volumen me lleva, en volandas, a mi destino…

De repente... me veo en una curva a 60 km por hora y la curva es de 80. Aliviado.

Alguien siempre cuida…
Alguien siempre vela,
Alguien siempre me mima,
y veo, de nuevo, que todo esta bien y que sigo aquí llegando a mi rinconcito de montaña.

Y escojeré el atardecer, oleré los pájaros como duermen,
saborearé la neblina disidente y estaré fresquito por fin…

Respiro y la presión del pecho no se me quita,
resultado de un día mal enfocado lleno de heridas,
dolido en mi alma marchita al que he logrado sobrevivir.

Mutilado, sigo vivo.



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