Fabio Asis

Herí jugando a Dios

Arrojé una piedra al cielo
con tan buena puntería
que cayó herido en mis brazos
el Dios creador de la vida.

Caminé muy pensativo
con su cuerpo desmayado
apretándolo bien fuerte
sobre mi débil regazo.

En mi secreta memoria
alumbré lo más oscuro
de mis pequeñas historias
y me sonrió, el Dios puro.

Me miró fijo a los ojos,
herido pero contento,
y cumpliendo mis antojos
confesó a cuatro vientos:

“Gracias por jugar conmigo,
que bastante cansa ser Dios,
la piedra que tú arrojaste,
la puse en tus manos yo”.



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