Beatriz Sánchez

Sinéresis

Él, tiene fuego en la yema de sus dedos
y va marcando el ritmo que mi respiración le dicta.


Vuelve sus brazos mi prisión
y sus besos mi delirio,
él sabe bien, que me debilitan.


Sus piernas pueden vencer cualquier esfuerzo, 
que la cadencia le impone
y sus ritmos me llevan a ansiar con gemidos el éxtasis completo,

de cara al cielo.


Cada embestida es placentera,
pues mi cuerpo entero lo recibe,
mojando en demasía mi jaula,
esperando la siguiente arremetida.

 
Mis ojos se clavan en la imagen de su cuerpo sobre el mío,
de su esplendor puesto en marcha.


Mis manos se llenan de los residuos de la piel de su espalda
y memorizo en ellas aún sus formas más secretas,
para guardarlas como inventario de mis recuerdos. 


Soy tan eterna, 
que habito en éste instante,
el instante de apnea,
esta muerte chiquita, 
dónde puedo fundir mi ser en el suyo,
al ritmo de su respiración en mi cuello
y sus gemidos en mi espalda.


Puedo sentarme convulsionando aun más mis profundidades
y sentir sus manos sobre mi pecho
completando así mis sueños,


Y éste sueño jamás termina.

 

 

 



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