karekarenina

La primera luz de la mañana

Haz de luz que te cuelas por la persiana,
bailoteas entre las crudas cortinas,
trastabillas sobre el parquet.
Haz de luz que dibujas mi cara como un caleidoscopio
y despiertas a esos pájaros encerrados
en sus jaulas de sueños.

 

Sin un cuerpo, te deslizas frente al espejo en silencio
(con el apuro de las cosas a punto de encontrar su verdadero nombre)
y te abrazas a mi sopor, despabilándome como frías gotas.

 

Haz de luz, despiértalo también, que se hace tarde
y yo no puedo sacudir su hombro herido por mi reproche.
Sé que es injusto que te deje la tarea del verdugo;
yo iré a preparar café y a mirarte iluminar su rostro inexpresivo

 

desde lejos, prepararé mis pasos para seguirte el ritmo
y alejarme siete u ocho mundos
antes de que le obligues a abrir los ojos.



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