RICARDO ALVAREZ

EL PONIENTE ILUMINA



 

 

 

Sumergida la  intimidad en los hilos de la sangre oceánica

con el impacto natural ornados con rosas en las manos

y el nacarado primordial de ostras sujeta a los labios.

En el cuerpo del agua  se suspenden gotas de amapolas.

 

Somos hojas gemelas, tules con piélago de noche arcaica terciopelo.

Un bello jardín de figuras con verbenas y ramas cuencas.

El sol metido en una cesta, mitad crepúsculo, mitad cosecha.

El oriente amanece en tus pestañas, muñeca  violácea,

el poniente ilumina ocasos hasta la fluorescencia del alma.

 

En la sinuosidad de los cuerpos un topacio rocío nos hospeda,

somos belfos que al vapor del amplio reducto se acrecientan

y suben los valores en tus cabellos pintando lunas llenas.

Somos telas primitivas girando en la misma rueca trueno,

rayo y relámpago, campanas de unísono. 

Amor mío, mi amor, amor hallado de pronto en la ostra perlada. 

Quiero comer contigo, estar, amar contigo, los hilos de mi sangre acostumbrada.

Tocarte y verte, sentir tu cuerpo retozando en compañía con la almohada.

 

 

 

de mi libro PASIONARIO



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